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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 407

Ya dentro del baño.

El baño era amplio, lujoso, y no había nadie más.

Dana ya no bajó la voz. Mientras le acomodaba el vestido a Catalina, le dijo:

—Cata, no peles lo que diga tu papá. Al rato… con que salgas tantito y te vean, te vas a traer a todos los chavos bien.

—Y cuando puedas con ellos, ¿a poco tu papá no te va a rogar que lo ayudes?

Catalina apretó los puños.

Sí.

Mientras más alto fuera su “valor”, Tristán terminaría buscándola.

—Ya investigué: cuando arranque lo fuerte de la fiesta, los Carrasco invitaron a un montón de maestros internacionales para que Eloísa escoja con quién aprender.

—¿No viste cómo andan las niñas ricas? Todas están esperando la parte de mostrar talentos… y no es solo para conseguir maestro.

Dana lo tenía calculado.

—Al rato, tú ve a darle el regalo a Eloísa. Y de paso, aprovechas para lucirlo.

A Catalina se le iluminaron los ojos al pensar en lo que le preparó a Eloísa Carrasco.

Estaba segura de que le iba a gustar.

Pero dudó un poco.

—Pero… escuché que ellas regalan cosas de millones… y yo…

—El regalo vale por el detalle, no por el precio —Dana le dio unas palmadas en el hombro—. Si hasta la hija de los Ibarra fue a buscarte varias veces y te ofreció un dineral para meterte a su empresa, eso ya dice mucho de lo buena que eres. Confía en lo que sabes hacer. Si un maestro ve tu talento y, delante de todos, te acepta como alumna… tu nivel se va a disparar.

—Y lo más importante: si te llega a voltear a ver alguna familia pesada… ahí sí, damos la vuelta.

Catalina recordó cómo Kiara la había humillado hace rato. En sus ojos se encendió, poco a poco, algo feroz.

Asintió con fuerza.

—Yolanda, esa tal Kiara… con solo verla se nota que no es una mujer decente. ¿Cómo va a estar a la altura de Joaquín Carrasco? Un hombre como él… la única que sí le queda es una señorita Ibarra.

En cuanto Catalina escuchó el nombre de Kiara, le apretó la mano a Dana.

Se miraron.

En los ojos de ambas apareció el mismo cálculo… y la misma emoción.

Esa era una oportunidad.

Era la oportunidad perfecta: les convenía aliarse.

Catalina salió de inmediato hacia ellas.

La mujer que iba al frente traía un maquillaje impecable, vestido caro, y una presencia que imponía. Se veía incluso más “de alcurnia” que Pamela Ibarra.

Con solo verla, era obvio: una socialité de verdad.

Y por cómo se veía, su posición no era menor que la de Pamela.

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