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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 393

Tristán ni alcanzó a estirar la mano cuando Dana alzó la barbilla, altanera, y le arrebató la invitación al guardia.

Con sus tacones, entró por el filtro de seguridad como gallo ganador.

—Pinches ciegos. Abran bien los ojos y grábenselo: “Grupo Zúñiga”. ¡Y acuérdense de estas caras! ¡La próxima vez, me tratan con respeto!

Los guardias se quedaron callados.

De verdad no entendían de dónde habían sacado esa invitación.

Los invitados que iban y venían eran puros millonarios y gente pesada, famosa en todo el mundo.

Y era la primera vez que se topaban con alguien tan grosero.

Parecía actitud de nuevo rico.

No… ni eso.

La señorita Ibarra había dicho que ese collar de perlas tan exagerado era de esos de “treinta pesos” comprado en internet.

—Ya, cállate y entra —Tristán empujó a Dana y siguió caminando—. Allá adentro, cualquiera de los que están no los podemos ofender. Ni se te ocurra armarla. Si se hunde la familia Zúñiga, tu familia Núñez tampoco se salva.

Tristán la rebasó y se fue al frente.

Dana, regañada una y otra vez, apretó la mandíbula del coraje.

¿Y todavía se atrevía a menospreciar a la familia Núñez?

Todo el outfit de hoy lo pagó la familia Núñez.

Si Tristán no fuera tan inútil y ella pudiera sacarle más dinero a su lado, no habría tenido que comprar por internet esas cosas chafas para ponérselas.

Ella misma había comparado lo falso con lo verdadero: si nadie lo tocaba, a simple vista se veía igual.

¿Y cómo demonios Kiara lo notó?

Mientras más lo pensaba, más se le apachurraba el ánimo.

Se le colgó del brazo y, al ver el vestido de Kiara, se le iluminaron los ojos.

—Kiara, ¿hoy venimos “combinadas”? ¿Como de hermanas?

Aunque los cortes eran muy distintos, Kiara siempre había creído que Joaquín le había pedido el diseño para la fiesta de mayoría de edad de Eloísa.

Así que, cuando diseñó este vestido de repuesto con el estilo de Eloísa, siguió los requisitos que Joaquín había dado y solo los ajustó un poco.

Eran de colores y estilos distintos, pero sí tenían cierto aire parecido.

Kiara tomó la mano de Eloísa, la miró de arriba abajo y asintió, satisfecha.

—Te queda perfecto.

—¡Pues claro! ¡Lo diseñaste tú! —Eloísa agarró la falda y dio una vuelta frente a Kiara, con una sonrisa dulce y emocionada—. Lo voy a guardar y se lo voy a dejar a mis hijos, y que ellos se lo dejen a los suyos…

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