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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 373

Para un evento así, claro que era normal ir de gala, por respeto.

Pero tan exagerados como ellos, era raro.

En especial las dos mujeres…

Llenas de joyas, como si quisieran ponerse encima todo lo caro que tenían.

Como si quisieran gritarle al mundo: “tenemos dinero”.

Una actitud de nuevos ricos, sin duda.

Y la joven… con lo chava que era, se puso un vestido blanco que se supone que simboliza pureza.

Pero se lo bajó demasiado del pecho y lo traía apretadísimo…

Y la falda todavía con brillitos tipo lentejuela y piedritas que encandilaban.

La verdad, con esa cara dulce y “inocente” que tenía, el vestido la hacía ver más corriente.

Hasta se veía… ridícula y barata.

Varios no pudieron evitar comentarlo con la mirada: ¿por qué la familia Carrasco invitaría gente tan fuera de lugar?

Los Zúñiga ni cuenta se daban. Al contrario: se sentían orgullosos bajo esas miradas curiosas.

—Mira nada más, estás preciosa. ¿Ya viste cuánta gente te está viendo? —Dana estaba emocionadísima—. Cata, tú segura: ponte en tu mejor pose y vas a ver cómo esos niños ricos se te rinden…

Catalina sacó más el pecho y sonrió, segura y presumida, todavía más coqueta.

Su vanidad quedó plenamente satisfecha.

Siempre había confiado en su cara; y hoy, arreglada así, se sentía espectacular.

Los hombres de la familia Zúñiga se quedaron mirando el vehículo edición limitada, con la cara llena de shock, envidia y coraje.

—Dios mío… cinco mil millones… —Dana no le quitaba los ojos de encima; agarró el brazo de Catalina con fuerza, temblándole la voz de la emoción—. Cata, ¿ya viste? Ese tipo de carro es el que te queda a ti.

La miró con una expectativa casi desesperada:

—Tú eres la buena estrella de esta casa. Échale ganas: algún día tu mamá también se va a subir a un carro así. Hoy nos trajiste a la fiesta de los Carrasco; mañana nos vas a traer en una limusina de ese nivel.

Catalina, impactada por la cifra, se puso roja de emoción mientras miraba el carro:

—Mamá, déjamelo a mí. Lo voy a lograr.

Solo de imaginarse sentada en ese carro, recibiendo las miradas de envidia de todos, se le aceleró la sangre.

***

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