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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 355

—Y todavía tengo motivos para sospechar que tú… estabas intentando obtener información confidencial a propósito, con la intención de…

No terminó la frase, pero todos entendieron qué iba a decir.

Kiara sonrió, elegante y filosa, mirando a Pamela.

—Además, tu compañero, como asistente personal del profesor Morales y miembro interno, sabía perfectamente las cláusulas de confidencialidad y aun así te soltó información sin autorización.

—No importa cuánta, ni cuál. Con eso ya se configura una filtración.

—Y yo incluso tengo razones para dudar si él no ha hecho lo mismo con otras personas.

Kiara hablaba con flojera, como si no fuera gran cosa, pero cada palabra le iba borrando el color a Pamela, centímetro a centímetro.

Pamela estaba tan asustada que no podía decir ni una palabra. Solo le quedaba el pánico atorado en el pecho.

Y Kiara todavía sacó el celular, como si de verdad fuera a marcar.

—¿Quieres que le hable al profesor Morales para que se investigue a tu “compañero tan servicial”?

Pamela no tenía madera para aguantar esa presión.

En cuanto vio que Kiara iba a llamar, empezó a temblar de pies a cabeza.

Hasta ese momento entendió lo grave que era.

Si el profesor Morales se enteraba y entraban las autoridades… el futuro de Óscar se acababa.

Y ella, como la que anduvo “preguntando”, tampoco iba a salir limpia.

Además, el profesor Morales jamás la aceptaría como alumna.

Si no entraba con él, ¿para qué había hecho todo lo anterior?

Y para colmo, ella ya se había vendido como si fuera un hecho que sería alumna del profesor Morales.

En toda la cena ya les había puesto varias veces.

Kiara soltó una risita y les sirvió a los tres, a cada uno un poco.

Cuando le tocó a Regino, el viejo habló con voz firme:

—Kiarita, tú eres la verdadera señorita de la familia Ibarra. Eres mi nieta, la nieta de Regino Ibarra, nuestra princesa que recuperamos. Te fuiste veinte años y por fin volviste a casa; es normal que queramos cuidarte más y compensarte.

—No tienes por qué estar pensando en lo que Pamela sienta, ni tienes por qué aguantarte para no ponernos en aprietos. Si en esta casa hay algo que te incomode, dínoslo. Tu abuelo lo arregla.

Pamela…

Claramente ya se estaba clavando de más.

Había disfrutado la vida que le correspondía a Kiarita; lo mínimo era que se lo agradeciera.

Y además, que Pamela siguiera en la familia Ibarra… era, por completo, porque Kiara lo había permitido.

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