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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 341

Joaquín se dejó llevar sin chistar, y fue detrás de ella de regreso a la sala.

Kiara lo jaló hasta el sofá y, al llegar, lo miró de reojo.

Esa mirada le dejó a Joaquín la sensación de que traía algo entre manos.

Ni siquiera le dio tiempo de pensarlo.

Kiara estiró la mano y lo agarró del cuello de la camisa.

Con fuerza. Sin titubeos.

Y lo empujó para sentarlo de golpe en el sofá.

Joaquín ni alcanzó a reaccionar a qué demonios quería hacer.

Solo vio que los dedos de Kiara bajaban por el cuello de su camisa; con un movimiento ligero, le desabrochó un botón.

La camisa se abrió, dejando al descubierto sus clavículas pálidas.

La mano de la chica siguió bajando.

Y luego dejó ver la línea firme de sus músculos.

Justo cuando los dedos de Kiara estaban por desabrochar el botón a la altura de su abdomen, los ojos de Joaquín se oscurecieron un poco.

De golpe, le sujetó la mano.

Con una sonrisa perezosa y provocadora, le rozó la muñeca con el pulgar, claramente buscando picarla.

—Kiki, ¿por qué tanta prisa? Mira, hagas lo que hagas, yo encantado… pero aquí es la sala. Gloria y Jorge pueden entrar en cualquier momento.

—O si quieres… —se acercó a su oído, bajando la voz, con una intención descaradamente ambigua—, ¿nos vamos al cuarto?

Y todavía, como si no fuera suficiente, rozó con los labios el borde de su oreja, soltando un susurro grave:

—No te preocupes. No me voy a resistir… no me tengas lástima solo porque soy una flor delicada…

Joaquín creyó que, con esa cercanía y ese coqueteo, Kiara haría lo de siempre: empujarlo de la cara y soltarle un “lárgate”.

Pero Kiara solo alzó la mirada. En sus ojos claros apareció una sonrisa difícil de leer.

Y hasta le contestó con una sola palabra:

—Va.

Joaquín se quedó sin palabras.

Se pelean de la nada y se contentan de la nada.

¡Y encima así de rápido!

¿En la sala y ya empezaron con…?

Gloria se tapó los ojos y se dio la vuelta para irse.

—Yo no vi nada, yo no vi nada… joven amo, señorita Ibarra, sigan, sigan…

El tono le traicionaba la emoción.

Joaquín vio cómo Gloria huía casi corriendo. La sala volvió a quedarse solo con ellos dos.

Bajó la mirada, miró su camisa rota y soltó una risa baja.

El pecho le vibró con esa risa, y la piel expuesta se veía peligrosamente atractiva.

Con un tono flojo y burlón, chasqueó la lengua:

—Perfecto… ahora sí. Ya nos malinterpretaron. Mi reputación intachable como presidente de Clarosol, a la basura…

***

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