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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 299

Gloria sentó a Kiara en la mesa y, bien rápida, le trajo los cubiertos.

Kiara miró la mesa llena de platillos humeantes, tan bien presentados que parecía de restaurante.

Se veían y olían increíble.

Y eran justo del tipo de comida que a ella le gustaba.

Kiara volteó, sorprendida, hacia Joaquín, que se acercaba.

Un director general de esos, criado entre lujos…

¿En serio sabía cocinar?

¿Y así de bien?

Joaquín se sentó a su lado, relajado, con una sonrisa ligera.

—Ni modo. Si voy a cocinarle a Su Majestad… pues claro que tenía que lucirme.

Kiara lo vio ponerse en modo presumido otra vez. Se quedó callada dos segundos.

—Se le cayó el personaje, señor Carrasco.

Marcó esas dos palabras con intención.

Joaquín soltó una risa baja y se giró un poco hacia ella.

Con ese movimiento, volvieron a quedar demasiado cerca.

Tan cerca que Kiara podía ver perfecto esos ojos profundos, brillantes, mirándola fijo.

La mirada, sin esconder nada, la provocaba descaradamente.

Él sonrió.

—¿Se me cayó? No. Contigo… yo siempre soy así.

Kiara: “…”

Otra vez la dejó sin aire.

Decidió que lo mejor era callarse y comer.

Este hombre, cuando empezaba a presumir, no tenía límite.

Kiara tomó los cubiertos y se puso a comer.

En cuanto se llevó el primer bocado, se le iluminaron los ojos.

La verdad, la comida de Joaquín…

Superó por mucho lo que esperaba.

Estaba buenísima.

—Pensé demasiado. Me dio hambre.

La sonrisa de él se acentuó. Solo la miró, sin prisa.

Kiara sintió que, ya que se había dejado consentir, tampoco era plan de ser tacaña con el reconocimiento.

Lo pensó tantito y dijo:

—La neta sí cocinas muy bien.

La sonrisa de Joaquín se abrió, satisfecho. Se inclinó un poco más hacia ella.

—Entonces, de ahora en adelante cocino todos los días para ti.

De tan cerca, su cara se veía todavía más peligrosa.

Con ese encanto de gancho, como si quisiera atraparla en una red.

Este hombre…

De verdad tenía una cara perfecta.

Y sí, tenía con qué usar el “encanto” a su favor.

—…Luego vemos —dijo Kiara, apartando la mirada. Ni “todos los días” ni “de ahora en adelante”; ella no iba a vivir con él.

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