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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 298

Luego, los dedos de él se metieron entre su cabello.

Kiara podía sentir con claridad… el aire tibio y los dedos largos masajeándole el cuero cabelludo.

Sus movimientos eran suaves, increíblemente cuidadosos.

Entre el ir y venir de sus dedos, le subió una sensación rara… como quemazón.

Y una corriente cosquilleante le recorrió del cuero cabelludo al resto del cuerpo.

Hasta se le entumió el pecho.

Le picaba… demasiado.

Y él estaba muy cerca.

Ese olor a cedro, invasivo, mezclado con el aire caliente, la envolvía por completo.

Cuando cambió el ángulo para secarle de otro lado, Kiara levantó la mirada sin poder evitarlo.

Él estaba inclinado; la camisa, como siempre, sin abotonarse los dos botones de arriba, abierta de manera descuidada.

Ese torso de líneas marcadas que ya había visto ayer volvió a metérsele por los ojos.

Subiendo desde la clavícula…

Su nuez se movió arriba y abajo bajo su mirada.

Como si la estuviera provocando.

El corazón de Kiara se saltó un latido.

Por fuera mantuvo la cara seria, obligándose a apartar la vista. Se quedó mirando el patrón del sillón, intentando respirar parejo.

Pero la comodidad en el cuero cabelludo y ese olor a cedro alrededor hicieron que el aire… se sintiera pesado, pegajoso.

Jorge y Gloria, aunque estaban acomodando la ropa en los racks, no dejaban de voltear de reojo hacia el sillón.

Los dos traían una cara de shock.

Que el señor Joaquín cocinara ya era rarísimo.

Llevaban años trabajando con él. ¿Cuándo lo habían visto meterse a la cocina?

Al final, le dio una última vuelta con los dedos en el cabello y, como si nada, dijo:

—Listo. Vamos a comer.

Kiara se levantó de inmediato y se fue rápido al comedor.

—Vamos a comer.

Ese paso apresurado traía algo de “me hago la que no pasa nada”.

Como si quisiera huir de ese ambiente cargado.

Joaquín la vio irse y sonrió, divertido, con la mirada.

Luego caminó tras ella, con esa calma floja de siempre.

Kiara llegó al comedor y Gloria ya venía detrás, sonriente, echándole porras a la situación.

—Señorita Ibarra, la comida de hoy la hizo toda el señor Joaquín. De verdad, de lavar y cortar hasta cocinar, todo lo hizo él. Nosotros quisimos ayudar y ni nos dejó.

—¡Siéntese y pruebe! Yo también es la primera vez que lo veo cocinar.

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