Catalina tenía el cuello encogido, pálida del susto, y se tapaba la boca con las manos.
Parecía que estaba paralizada.
Ni se atrevía a hacer ruido.
Benjamín frunció todavía más el ceño.
Entendía el miedo de Catalina.
Pero al verla así, le nació una emoción complicada.
Si… si fuera Kiara, al ver que su papá trataba así a su mamá, habría corrido sin pensarlo a protegerla…
¿Y Catalina?
A ella su mamá siempre la había traído entre algodones, y ahora solo pensaba en su propio miedo. No solo no la defendía…
Ni siquiera tenía el valor de decir una palabra por su mamá, o ayudarla a levantarse.
Benjamín miró a Kiara, casi por instinto, buscando ver un poco de compasión o que se le ablandara el gesto.
Pero…
La expresión de la chica seguía igual: serena, fría. En sus ojos claros solo había indiferencia.
Incluso…
Un toque de burla.
Como si esa escena, para ella, fuera solo un circo.
Ni tantito se conmovió por el estado de Dana.
Esa mirada…
Como una espina, se le clavó a Benjamín en el pecho y le revolvió todavía más esa sensación rara.
La chica frente a él no tenía nada que ver con la Kiara que recordaba, la que siempre andaba con cuidado, tratando de caerles bien a todos.
—Antes era porque tu papá estaba demasiado ocupado y no tenía tiempo de cuidarte. Pero ahora… ahora sí. De aquí en adelante te voy a tratar como princesa, como mi tesoro.
—Tu cuarto no lo tocamos. Puedes regresarte cuando quieras.
Kiara no pudo evitar reírse.
Fue una risa llena de sarcasmo, como si acabara de escuchar el chiste más grande del mundo.
A Tristán se le apretó el estómago.
Kiara lo miró con burla.
—Señor Zúñiga, me late que hasta hoy… usted ni siquiera sabe en dónde vivía yo en la casa de la familia Zúñiga.
El corazón de Tristán dio un brinco. Por reflejo volteó a ver a Dana, que seguía tirada en el suelo.
Dana claramente recordó algo; en su cara torcida por la humillación, por un instante se asomó una culpa incómoda.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste