Apenas terminaron de hablar.
La gigantesca pantalla central del coliseo parpadeó bruscamente.
Todos los monitores que mostraban a los demás participantes se apagaron de golpe.
Inmediatamente después, la tétrica imagen de la Cápsula 10 inundada en humo tóxico secuestró cada pantalla del recinto.
La Cápsula 10 se convirtió en el único foco de atención para el mundo entero.
Mientras tanto, Joaquín, que se encontraba fuera de la sala de control principal, mantenía una expresión fría y majestuosa. Sus largos y elegantes dedos descansaban sobre el teclado de su ordenador militar.
Y con un ligero movimiento, presionó la tecla Enter.
Todas las redes de comunicación estaban en la palma de su mano.
Nadie, ni dentro ni fuera del estadio, podía ver otra cosa que no fuera la cápsula.
Y no tendrían más opción que mirar.
En la pantalla.
Kiara, parada en medio de los escombros y la niebla verde, levantó la mirada lentamente.
Sus profundos ojos oscuros traspasaron la lente, como si estuviera mirando fijamente el alma de cada espectador en el mundo.
Una media sonrisa, impregnada de burla absoluta, se formó en sus labios rojos.
—¿Es esta la famosa competencia justa de Hesperia?
Su tono fue bajo, casi casual, pero se sintió como una bofetada a mano abierta en el rostro de todos los altos directivos hesperianos.
Y justo cuando sus palabras resonaron...
La pantalla principal se dividió.
Apareció un recuadro más pequeño en una esquina.
Mostrando, en vivo y en directo, el interior de la sala de control de la organización.
Allí, todo era caos y pánico.
Los mismos ejecutivos que apenas unos minutos antes se sentían intocables y omnipotentes, ahora parecían unos completos lunáticos.
Uno de ellos, con la cara roja de ira, escupía veneno a los técnicos:
—¡Apáguenlo! ¡Malditos inútiles!
Otro lloriqueaba empapado en sudor frío, tirándose de los pelos:
—¡¿Qué están esperando?! ¡Corten la maldita transmisión de la Cápsula 10!
Otros intentaban arrancar los cables de las consolas, con las manos temblorosas y la mirada perdida.
Eso era un asesinato.
¡Un intento de asesinato a sangre fría, perpetrado a los ojos del mundo, en un evento internacional de máxima audiencia!
El estadio descendió a la más absoluta locura.
—¡Esto es un intento de homicidio!
—¡Dios mío, de verdad soltaron monstruos y la envenenaron!
—¡¿Y a esto le llama competencia el país de Hesperia?!
—Atacar de esa forma a una participante en un evento de esta talla... ¡Qué maldito asco!
—¿Y qué diablos son esas cinco criaturas? ¡Definitivamente no son humanos! ¡Tienen que investigarlo a fondo!
—¡Queremos explicaciones! ¡Le deben una explicación al mundo!
—¡Cárcel para todos! ¡Cárcel!
El comité oficial de Hesperia ya no podía esconderse.
Un hombre de mediana edad saltó frente a las cámaras, arrebató un micrófono de emergencia, sudando a mares, y gritó con voz quebrada:
—¡Todo es falso! ¡Las imágenes son falsas! ¡Hemos sido hackeados! ¡Nuestros registros fueron alterados con fines maliciosos!

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