El lobby volvió a hundirse en un silencio apacible.
El profesor Cáceres se quedó de pie en su sitio, observando cómo las figuras de esos jóvenes se alejaban presurosas abrazando sus uniformes.
Luego, volvió la mirada a Kiara, cuyo rostro era tan sereno como si solo hubiera movido un dedo. Los sentimientos dentro del profesor eran simplemente indescriptibles.
No era la primera vez que estaba al mando de una delegación.
Pero jamás le había tocado vivir algo así. Aún no habían ni siquiera puesto un pie en la arena, y, sin embargo, aquella sólida sensación de apoyo y seguridad ya era suficiente para hacerles arder el pecho de orgullo y pasión.
De pronto comprendió realmente de dónde provenía toda la confianza ciega del profesor Morales.
Sintió su propia sangre comenzar a hervir.
Empezaba a creerlo firmemente.
¡Que, con la alumna Kiara Ibarra a la cabeza, Solarenia se coronaría invicta en este certamen!
…
Centro de Tecnología y Medicina Internacional en Hesperia.
Dentro de un descomunal recinto coronado por un domo gigante, el barullo era ensordecedor.
Delegaciones de todas las universidades de prestigio del mundo iban agrupándose, portando con orgullo los respectivos emblemas nacionales en sus pechos.
Las luces de los focos, las cámaras de transmisión en vivo y el ir y venir de los organizadores fluían en un caos perfectamente estructurado.
En el mirador VIP del segundo piso.
Unos cuantos ejecutivos importantes de la organización de Hesperia bebían sus copas con elegancia, mirando altivos la zona por donde entraban las comitivas.
Uno de ellos, era Eduardo Espinoza.
La comisura de sus labios exhibía una mueca perversa y rebosante de maquinación. Clavó la mirada directo en el centro del pasillo por donde llegaban los contingentes.
¡Estaba solo esperando ver entrar al escenario a los estudiantes de Solarenia ataviados en aquellos vergonzosos trapos, que él mismo ordenó elaborar!
Él, entre otras cosas, ya se había encargado de filtrar "cierta información" entre sus conocidos de la prensa internacional.
Dio a entender que la vestimenta de los representantes de Solarenia sería el hazmerreír que encendería la mecha de la polémica y atraería los faros de todas las notas del primer día.
En ese mismo instante, los cientos y miles de focos del mundo periodístico estaban expectantes apuntando a las filas de los competidores.
Y una buena tajada de todos esos camarógrafos ya tenían el objetivo clavado en las mismísimas puertas por donde asomaría la gente de Solarenia.
—¿Crees que de veras no sean lo bastante valientes para desfilar con su equipo puesto?
—Ah, mejor. Así se presentarán sin ningún tipo de unidad grupal ante todos. Me encantaría ver cómo carajos van a excusar eso.
—Apostaría a que ahora mismo están pataleando en círculo dentro del lobby de su hotel.
El grupito de hombres compartía las mofas por lo bajo, un regodeo colmado de desprecio que aguardaba ver rodar cabezas ajenas.
Por otro extremo, los equipos representativos de Aquilinia y de Oricalco de la misma forma hacían su arribo.
Pese a no tener conocimientos concretos del pleito o el drama secreto bajo telones.
Sí llegaron a oler que en las esquinas de los locales de Hesperia las risitas ahogadas señalaban que buscaban ver que los de Solarenia se resbalaran en lodo. Y a su vez, por curiosidad, todos posaban las vistas en aquel arco.
En ese exacto instante de expectación, las puertas correspondientes a la gente de Solarenia emitieron un sutil pero muy llamativo ruido, sacudiendo a más de un alma de la emoción.
—¡Ya asoman!
Alguien del público ahogó un grito de asombro.
Y así, todos los pares de ojos de los asistentes se voltearon para encuadrar en sus pupilas la entrada principal, al unísono.

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