Al escuchar las palabras de la señora Salcedo, un brillo especial apareció en los ojos de Camila.
—Parece una buena idea.
La señora Salcedo asintió y la miró con ternura. —¿Estás pensando en algo así, Camila?
Camila asintió con algo de duda. —Sí.
Aunque respondió afirmativamente, una parte de ella sentía cierta inquietud.
El estatus de la señora Salcedo era innegable. Muchas mujeres de su posición esperaban que sus nueras se quedaran en casa cuidando de la familia o que tuvieran una carrera exitosa.
Si abría una florería, probablemente muchos lo considerarían una pérdida de tiempo.
Pero al recibir su respuesta, la señora Salcedo sonrió.
—Si abres una florería, ten por seguro que seré tu clienta más frecuente.
Camila se quedó sorprendida.
Como si hubiera encontrado el tema perfecto, la señora Salcedo empezó a compartir sus ideas sobre cómo atraer a una clientela exclusiva, de modo que pudiera ganar dinero sin agotarse demasiado.
Por la tarde, incluso la llevó a ver algunos locales.
Hacía mucho tiempo que Camila no se sentía tan relajada con alguien.
Y pensar que esa persona podría ser su futura suegra.
La relación que tuvo con Eustolia nunca fue tan cómoda y natural.
Al día siguiente, Camila regresó al Grupo Azul.
Llevó postres para todos en su departamento.
En medio de la alegría general, Camila sonrió y dijo con voz suave:
—He venido hoy a la oficina para presentar mi renuncia. Ya no podremos trabajar juntos. Espero que a todos les vaya muy bien y que tengan mucho éxito en el futuro.
La noticia fue tan repentina que todos se quedaron atónitos.
Empezaron a preguntarle por qué había decidido renunciar de repente.

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