Irmina sintió claramente cómo el cuerpo de Elián se tensaba un poco al oír sus palabras.
Apretó los labios y levantó la vista hacia el hombre que tenía delante.
—¿Qué pasa? ¿No fuiste tú quien me pidió que lo considerara seriamente? —dijo con una leve sonrisa en el rostro.
Elián la miró, reprimiendo el dolor que sentía en el fondo de su corazón, y dijo en voz baja:
—Sí, no quiero que tomes una decisión impulsiva de la que luego te arrepientas.
Irmina observó la tristeza en sus ojos, mezclada con una pizca de determinación, y dijo con calma:
—Realmente debería pensarlo bien. Después de todo, ni siquiera he tenido una propuesta de matrimonio decente. Si me caso contigo tan fácilmente, probablemente no me valorarás en el futuro.
Al oír esto, la expresión de Elián cambió. Bajó la mirada hacia Irmina y, al ver la picardía en sus ojos, se inclinó lleno de alegría y la abrazó.
—¿Estás dispuesta a casarte conmigo?
—¿Lo que dijiste anoche era en serio? ¿No era una broma, ni una promesa forzada para hacerme feliz?
Viendo que él preguntaba una y otra vez, Irmina solo pudo asentir con firmeza.
—Parece que ahora no soy yo la que no confía en ti, sino tú en mí, señor Fuentes.
Elián la apretó en sus brazos, tan fuerte como si temiera que se le escapara si la soltaba.
—Te juro que no te decepcionaré. Te daré la vida más feliz, te dejaré ser tú misma, no te forzaré a nada…
Elián le dijo muchas cosas mientras la abrazaba. Irmina asintió, escuchando en silencio.
Un momento después, se oyeron los golpes de Andy en la puerta.
—Mami, voy a llegar tarde.
La voz de Andy llegó desde fuera, y solo entonces Elián soltó a Irmina.
—Tú descansa, yo llevo a Andy.
Irmina, ya despertada por Elián, no podía seguir durmiendo. Lo miró y dijo en voz baja:
—Vamos juntos.

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