Elián apartó la mirada con frialdad. No sabía por qué, pero sentía una extraña inquietud en el pecho.
Aunque era cierto que Violeta podía haber llegado a esa escuela solo para impulsar su carrera, también era verdad que pasaba mucho tiempo con Andy, así que si quisiera hacer algo, tendría más oportunidades que nadie.
—Andy.
Elián habló con seriedad, su voz era firme y severa.
—No importa quién quiera sacarte del colegio, no puedes irte. De ahora en adelante, solo puedes salir conmigo o con tu mamá. ¿Entendiste?
Andy escuchó con atención las palabras de Elián y asintió.
—Entiendo.
Al escuchar la respuesta, Elián por fin pudo respirar un poco más tranquilo.
—Sabía que Andy iba a portarse bien. Incluso si la profe Ávila te dice que te lleva a casa, tú no te irías con ella, ¿cierto?
Andy volvió a asentir.
—Sí. Yo espero a mamá y a ti para que me recojan.
—Si están muy ocupados y no pueden venir, voy a ir a la caseta de seguridad a buscar al señor Liu. Me quedo ahí hasta que lleguen.
El jefe de seguridad del colegio había trabajado antes en la Mansión Fuentes, así que Andy lo conocía bien.
Elián alzó a Andy y lo abrazó fuerte.
—Eres muy listo.
No podía permitir que algo le pasara a Andy enfrente de sus ojos otra vez; esa sensación no quería volver a vivirla jamás.
Elián sabía muy bien que, si Andy no regresaba a su lado y al de Irmina, entre ellos dos quedaría para siempre una herida imposible de sanar.
Irmina, mientras tanto, vio en las notificaciones del celular una foto de Andy y Elián saliendo juntos del colegio. En la imagen también aparecía Violeta, parada a un lado.
Irmina se quedó mirando la foto por un buen rato, hasta que decidió llamar a Elián.
—¿Recogiste a Andy ya?
Elián respondió con un leve murmullo.
—Sí, lo recogí. Fue la profe Ávila quien lo acompañó hasta la puerta.
Irmina apretó el celular con fuerza sin darse cuenta.
Elián rápidamente añadió:

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