El director Wang miró a Violeta con seriedad y le habló con voz tranquila.
—Con la experiencia que tienes como tutora en la familia Fuentes, no hacía falta que te complicaras tanto para entrar a esta escuela. ¿Por qué no le pediste al señor Fuentes que hiciera una llamada y te arreglara el ingreso? Así podrías haber empezado a trabajar de inmediato —dijo.
Violeta apretó los labios y respondió en voz baja:
—El señor Fuentes y yo solo tenemos una relación laboral, así que no me parecía apropiado pedirle ese favor.
—Además, quería entrar a la escuela por mis propios méritos.
El director Wang la observó con atención. Violeta se irguió, manteniendo la sonrisa y mostrándose paciente.
Sin hacer más preguntas, el director la condujo a la sala de reuniones.
—En la sala te espera el verdadero reto, Violeta. Si tu intención es entrar por tus propios medios, tenemos que ver si estás a la altura con tus conocimientos —le dijo.
Violeta asintió y lo siguió tranquilamente al interior de la sala.
Adentro ya había varios profesores sentados. Todos los maestros habían pasado por esa misma prueba al ingresar a la escuela.
Primero, evaluaban si la persona tenía el valor de pararse al frente y dar clase.
Luego, le hacían preguntas para medir su conocimiento.
Violeta ya había trabajado como tutora en varios lugares y, además, había investigado en internet sobre los estándares de esta escuela. Sabía perfectamente a qué se enfrentaba.
Llegó preparada y con confianza.
Respondió todas las preguntas de los profesores con precisión, y además explicó sus respuestas, demostrando que tenía la capacidad para enseñar a los estudiantes.
Al final, Violeta aprobó la evaluación. Le pidieron que asistiera al día siguiente para comenzar una práctica de seis meses.
Como tenía buena relación con Andy, el director decidió que Violeta se hiciera cargo del grado en el que él estudiaba.
Violeta logró lo que quería y salió satisfecha.

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