Camila apretó los labios en una sonrisa suave y posó la mirada sobre Eustolia, hablando con calma y una pizca de picardía.
—Ahora que el compromiso entre el señor Duarte y yo se terminó, es natural que ya no me quede en la familia Duarte. Él quería que mi hermana se quedara, pero ella no quiso, ¿sabe?
Camila sabía bien que a Eustolia le importaba mucho Benigno, y por eso mismo no le gustaba que él estuviera tan pendiente de Clarisa.
Justo por eso, esas palabras de Camila eran como una puñalada directa al corazón de Eustolia.
No fue sorpresa que Eustolia cambiara de expresión enseguida.
Camila, sin embargo, mantuvo su sonrisa discreta, con un aire tan tranquilo que nadie podría adivinar que lo hacía a propósito para incomodar a Eustolia.
Por dentro, Eustolia apretó los dientes y le lanzó a Camila una mirada fulminante.
Pero Camila seguía sonriendo, imperturbable.
Cuando terminó la comida, Eustolia fue la primera en salir del salón privado.
Rufo le pidió a su asistente que pagara la cuenta, pero se enteró de que Elián ya lo había hecho antes.
No dijo nada, pero en su mirada se notó un cierto aprecio hacia Elián.
En ese tipo de detalles, Elián sí que tenía buen ojo.
Camila tenía que regresar a Xalpina junto a Rufo, y como Rufo iba un poco de afán, apenas terminó la reunión fueron directo al hotel donde Camila se estaba quedando para recoger sus cosas.
Elián y Rufo fueron en el carro de adelante.
Camila e Irmina subieron al auto de atrás.
Benigno, con Eustolia al lado, conversó un poco con Rufo antes de despedirse, y luego se quedó viendo cómo se alejaban los carros.
Mientras el auto pasaba cerca de Benigno, Irmina alcanzó a ver el rostro pensativo de él. Se giró hacia Camila y le dijo, con voz tranquila:
—¿Eso era lo que querías ver? Que todos salieran perdiendo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor!