Elián notó la preocupación en el rostro de Irmina y, sin pensarlo dos veces, le dijo:
—No te pongas nerviosa, voy contigo a ver qué pasa.
Irmina se frotó las sienes, cansada.
—Tú todavía estás herido, no deberías andar por ahí. Mejor yo voy con los demás, no te preocupes.
Elián frunció el ceño, su voz se volvió seria.
—La familia Duarte no es de fiar, todos son unos expertos en sacar provecho de la gente. Si no voy contigo, tú y Azul pueden terminar muy mal.
—Voy contigo. No insistas.
Su tono era tan firme que Irmina no pudo negarse.
Al final, ella asintió y aceptó que Elián la acompañara.
Clarisa había comprado un apartamento en Nebula hace años. De hecho, cuando tuvo problemas con Elián y se separó por un tiempo, Irmina se quedó a vivir con ella, así que conocía bien el lugar y llegó rápido.
Al llegar, vieron que en la entrada había varios guardaespaldas.
Cuando Irmina y Elián intentaron entrar, uno de los hombres los detuvo con el brazo extendido.
—Lo siento, no pueden pasar.
Elián puso a Irmina detrás de él, protegiéndola, y le entregó su tarjeta al guardaespaldas. Habló con voz grave:
—Soy Elián. Clarisa es prima de mi esposa. Venimos a resolver este asunto.
El guardaespaldas, al escuchar el nombre de Elián, no se atrevió a demorarse. Entró a avisar.
En poco tiempo, regresó y los invitó a pasar.
El apartamento de Clarisa era amplio; cuando vivía solo con Irmina, el espacio sobraba. Ahora, con tanta gente dentro, el ambiente se sentía apretado y tenso.

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