Cuando Andy escuchó las palabras de Elián, su rostro también se tornó serio.
Sin duda, era un tema que daba dolor de cabeza.
—¿Por qué piensas así, tío? —preguntó Andy, con auténtica curiosidad.
En estos días, Andy había notado que Irmina había cambiado mucho en su actitud hacia Elián.
Después de todo, hasta hace poco, su mamá casi ni quería hablarle.
Elián respiró hondo y bajó la voz.
—Andy, aunque te lo diga, no lo vas a entender.
Había visto antes cómo Irmina lo miraba con todo el cariño del mundo, así que ahora sentía más profundamente el cambio en sus sentimientos.
Andy ladeó la cabeza, pensativo, y después de un rato murmuró:
—Pero mi mamá tampoco ha dicho que no le gustas, ¿cierto?
Recordaba que Irmina había dicho que le daría una oportunidad a Elián.
Irmina siempre había sido una persona que cumplía su palabra.
Por lo que había visto últimamente, su mamá realmente le estaba dando una oportunidad a Elián.
Andy lo miró con cierta ansiedad, sintiendo de repente una mala corazonada.
—Tío, ¿no estarás pensando en rendirte, cierto?
Mientras hablaba, Andy apretó con fuerza la mano de Elián y le habló muy serio.
—Tío, no puedes rendirte.
—Aunque sea solo por mí, no puedes.
Andy de verdad quería a Elián, y deseaba que él e Irmina pudieran volver a estar juntos, así tendría una familia completa.
Elián se quedó en silencio al ver la mirada ansiosa de Andy, pero pronto le respondió.
—No voy a rendirme, aunque sea solo por ti, no lo haré.
Aunque ahora Irmina no lo mirara como antes, a él le bastaba con seguir teniéndola en su corazón.

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