Bonifacio se quedó petrificado.
"Gustavo, sé que estás molesto con Samuel, pero el niño no tiene la culpa. No debes hacerle daño".
Gustavo soltó una risa fría y le respondió a Bonifacio.
"Señor Belmonte, tus condiciones tampoco son malas. Si tanto te importa este niño, ¿por qué no lo llevas a la familia Rando para criarlo?"
"Con tus recursos, seguro podrías mantener a un niño".
El rostro de Bonifacio cambió de inmediato, frunciendo el ceño al mirar a Gustavo.
"Gustavo, no bromees con estas cosas".
Gustavo, con seriedad, replicó.
"Señor Belmonte, sabes que nunca bromeo. Hablo en serio. Si tanto te gusta, llévatelo y críalo. No contenderé por la custodia, y si decides que adopte tu apellido, no me opondré".
Bonifacio no podía creer que Gustavo realmente quisiera pasarle a Emilio, su expresión era una mezcla de incredulidad y enfado.
"Es un miembro de la familia Fuentes, no me corresponde a mí intervenir".
"Gustavo, ¿acaso te estás volviendo loco?"
Gustavo, con una sonrisa irónica, respondió.
"Pensé que te importaba tanto el niño que no querías verlo sufrir y que estarías dispuesto a criarlo. Pero veo que tampoco lo deseas".
"Si no estás dispuesto a cuidarlo o ayudarlo, ¿por qué lo trajiste aquí? Esto es un asunto de la familia Fuentes, y que yo reconozca o no su identidad no es asunto tuyo".
Gustavo logró cerrar la boca de Bonifacio con sus palabras.
Bonifacio respiró hondo, dispuesto a discutir con Gustavo, pero Gustavo habló con firmeza.
"Ambos estamos mayores, y si quieres romper relaciones conmigo por esto, entonces no vuelvas a la familia Fuentes. Tampoco deseo verte".

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor!