Cornelio quedó sin palabras ante lo que le dijo Irmina.
Antes era su esposa quien le preguntaba su opinión, pero ahora Cornelio estaba completamente perdido, necesitando que su esposa tomara las decisiones.
Irmina ya había notado que la esposa de Cornelio solo aparentaba ser sumisa frente a él.
En realidad, en esa casa, quien tomaba las decisiones importantes era ella.
Por eso había decidido atacar a Alejandra, para que Cornelio perdiera el control.
Alejandra tampoco había imaginado que todo el pueblo iba a ser investigado.
Había pensado en el poder que Irmina podría tener, pero nunca se imaginó que fuera tan grande.
No era la primera vez que una mujer con posición había sido llevada a su pueblo.
Pero siempre lograban que esos casos quedaran en el olvido, tenían muchas formas de lidiar con la situación para que las familias no pudieran encontrarlas.
Por eso, cuando Onofre y los suyos se llevaron a Andy, Alejandra estaba segura de que, una vez que el alboroto pasara, Andy volvería a estar con ellos.
En cuanto a Irmina y su gente, pensaba que en el futuro les sería difícil entrar al pueblo.
Pero no esperaba que Irmina tuviera la capacidad de movilizar a tanta gente y buscar atrapar a todo el pueblo en una red.
Alejandra estaba pálida, con la cabeza baja, calculando cómo manejar la situación actual.
Incluso si su hermano estuviera frente a ella, no estaría tan nerviosa.
Pero Cornelio no podía decidir, y ella tampoco tenía ninguna solución.
Perdida en sus pensamientos, Alejandra no captó la señal de auxilio de Cornelio.
Irmina, con el mango del cuchillo, tocó suavemente el brazo de Alejandra, despertándola del trance.
Irmina se agachó frente a Alejandra, sosteniendo una navaja, como si estuviera decidiendo dónde hacer el próximo corte.
Los guardias de seguridad mantenían a Cornelio inmovilizado, obligando al anciano a observar los movimientos de Irmina.
Justo cuando Irmina iba a hacer el corte, Cornelio habló.

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