Alejandra miraba a Irmina con una mezcla de odio y miedo.
"¡Atrévete! ¿Acaso no quieres que tu hijo regrese vivo?"
Irmina se acercó aún más a Alejandra, con una sonrisa fría en su rostro.
"Vas a ver si me atrevo".
Diciendo esto, tomó un cúter de las manos de uno de los guardias y lo presionó contra la mano de Alejandra, haciendo un pequeño corte. La sangre comenzó a brotar de su brazo.
Alejandra entró en pánico, intentando liberarse, pero los hombres de Irmina la tenían inmovilizada en el suelo.
Irmina sonrió, mostrando sus dientes perfectos.
"Oh, lo olvidaba, soy doctora. Tengo mil maneras de hacerte daño sin que mueras".
"La muerte es lo más fácil en este mundo. Te haré vivir, sufriendo, bajo mi control".
Alejandra miraba la expresión de Irmina, su rostro se tornó pálido, sintiendo que esta mujer era como un demonio salido del infierno. Su sonrisa tenía un matiz sanguinario que hacía latir rápido el corazón.
A pesar del miedo que sentía, Alejandra se mantuvo firme.
"Sé cuánto valoras a tu hijo, no creas que tus palabras me asustan".
"Mientras tu hijo esté en manos de mi hermano, no te atreverás a... ah..."
Irmina interrumpió sus palabras, haciendo otro corte en el brazo de Alejandra, profundizando la herida. La sangre comenzó a fluir de nuevo, y un tejido sobresalía de la piel, causando aún más dolor.

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