Petrona vio a Cira mirándola con una expresión de decepción y sintió un nudo en el corazón. Abrió la boca, queriendo decirle que nunca la habían abandonado, pero al pensar en Elián e Irmina, temiendo que pudieran sospechar algo, se tragó las palabras y adoptó una actitud firme: "No digas tonterías aquí, ¿acaso no sabes cómo te quiere tu hermana? ¿No te ha estado pensando y extrañando durante los años que estudió en el extranjero?", bajó la voz al decir esto, echando un vistazo a Irmina al lado. "No te dejes engañar por lo que dicen los demás y dudes de tu hermana".
Al ver que Petrona aún defendía a Nuriel sin considerar su futuro, Cira soltó una risa fría: "Mamá, tu corazón está demasiado inclinado, me das asco".
La cara de Petrona se enfrió. Eliseo intervino para regañar a Cira: "¿Cómo le hablas a tu madre?".
Al oír la voz de éste, Cira sintió repulsión, miró al hombre con desdén y luego volvió su mirada hacia su madre, con disgusto en su rostro: "El hecho de que puedas casarte y vivir con un hombre así me hace ver claramente quién eres. Todos ustedes me dan asco, voy a atrapar a Nuriel con mis propias manos", y dicho eso, se dio la vuelta y se fue. No podía permitir que arruinaran su futuro; si ellos no pensaban en ella, ella tampoco pensaría en ellos.
Petrona se puso pálida: "¡Cira!", quería detenerla, pero ella se fue sin mirar atrás.
Eliseo miró fijamente el lugar por donde ella había salido, diciendo con sarcasmo: "Esa niñata, su padre está detenido y aún se cree una princesa".

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