Irmina levantó la mano para agarrar el brazo de Clarisa, dándole una mirada que decía ‘cálmate’.
Solo entonces Clarisa levantó la vista hacia Benigno. Vio a los parientes de la familia Duarte mirándolas, sus ojos llenos de desprecio y antipatía hacia ella. Entonces frunció el ceño, sintiéndose observada de esa manera, de repente recordó aquella cena de hacía años. Cuando entró al salón con un regalo, ellos la miraban con esa misma actitud. Pero ella, cegada por el amor en ese entonces, aun así les sonrió tratando de agradarles.
Pero en ese momento, libre de esa ceguera amorosa, miró sin reservas a los parientes de la familia Duarte bajo la atenta mirada de Benigno, con una sonrisa desafiante en sus labios, siguiendo a Camila sin prisa.
Ésta última se acercó a Eustolia y tomó su mano, con una sonrisa dulce en su rostro: "La última vez que viniste a Xalpina, no tuve la oportunidad de presentarte a mi prima y mi hermana", mostrando respeto por Camila, incluso si ya tenía una mala impresión de Clarisa, aun así se esforzó por sonreír y miró hacia Irmina.
"Ella es la hija de mi tía Diana Azul, seguramente la recuerdas, ¿verdad?".
Eustolia asintió, diciendo con una sonrisa: "Por supuesto que la recuerdo. Recuerdo que Diana era conocida como una gran belleza en su juventud; la Srta. Monroy, siendo su hija, naturalmente también es muy hermosa".
Camila mantuvo su sonrisa, mirando hacia Irmina. Ésta se mantuvo serena, incluso con los elogios de Eustolia, su comportamiento no mostró mucha fluctuación; tampoco intentó acercarse mucho a la mujer para ganarse su favor, ni mostró ningún deseo de agradarle, solo respondió con tranquilidad.

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