La habitación estaba en penumbras, sin ninguna luz encendida. Irmina alzó la mano, buscando a tientas el interruptor en la pared, pero no lo encontró.
La voz de Elián, cargada de furia, resonó desde un rincón: "Lárgate".
Irmina se quedó paralizada un momento, antes de hablar: "¿Elián?".
Su voz sonaba ronca, como si estuviera herido. Irmina también pudo percibir un tenue olor a sangre en el ambiente.
"Tú..."
Aún no se había acostumbrado a la oscuridad del lugar cuando vio una figura que se abalanzaba desde el rincón. Irmina se quedó inmóvil, y al siguiente segundo se encontró atrapada en un abrazo firme.
Al sentir la respiración de Elián, la tensión que ella había estado sintiendo se disipó de inmediato, aunque el olor a sangre se hizo más intenso.
"¿Qué te pasó?", apenas pudo hablar cuando él se inclinó para besarla. Sus labios estaban ardientes, y sus manos apretaban su cintura con fuerza, como si quisiera fusionarla con su cuerpo.
El beso era apasionado y ferviente. Irmina sintió cómo su respiración se entrecortaba y su corazón latía aceleradamente, mientras su rostro se calentaba; intentó empujarlo para tomar aire, pero él no le daba oportunidad de alejarse, apretándola cada vez más fuerte, como si quisiera absorberla en sí mismo, por lo que apenas podía respirar. Le mordió, esperando que el dolor lo hiciera soltarla, pero eso solo intensificó su fervor:

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