Hasta la noche, Andy ya se había aseado y acostado, sin que nadie regresara enfrente. Irmina volvió a su habitación y, al cerrar las cortinas, echó un vistazo a la habitación de Elián, que seguía sin mostrar señal alguna de luz. Entonces una sombra de tristeza cruzó sus ojos antes de retirar la mirada, cerrar las cortinas y acostarse.
A pesar de que los problemas con el hospital y con Sara ya se habían resuelto, ella yacía en su cama sin poder conciliar el sueño. Recordaba las veces que Elián se había acercado a su ventana para hablarle, y esos momentos no dejaban de repetirse en su mente, robándole el sueño.
Justo cuando decidió despejar su mente y esforzarse por dormir, su celular vibró. Al revisarlo, vio que era una llamada de Amalia. Desde que ésta le dio su contacto, raramente la llamaba, a menos que hubiera algún problema. Irmina deslizó el dedo para contestar y llevó el teléfono a su oído sin decir nada, esperando que la mujer hablara primero.
Después de todo, Amalia tenía que mantener las apariencias frente a Samuel, y si él sabía que ellas estaban en contacto, probablemente dejaría de confiar en ella.
"¿Señorita Monroy?", sin responder, fue Amalia quien habló primero.
"Estoy aquí", al oír la voz de Amalia, Irmina se sintió lo suficientemente tranquila para hablar.
Amalia no tardó en decir: "En un momento, un auto pasará por tu casa para recogerte. Súbete y ven directo al hotel, Elián tuvo un problema".
Al oír eso, Irmina se quedó de piedra: "¿Qué problema?".
Amalia respondió con voz baja: "Lo sabrás cuando llegues. El chofer es de confianza de Elián, deberías poder confiar en él. Solo síguelo".
Irmina asintió rápidamente: "Está bien", y tras colgar, se levantó de prisa y se cambió de ropa.

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