Melitina estaba en el sofá, acompañando a Andy en una partida de ajedrez, mientras Irmina y Ana estaban ocupadas en la cocina.
Elián, calculando perfectamente el horario de salida de Teo, llegó a casa justo cuando éste también lo hacía. Al entrar, se dirigió directamente hacia donde estaba Andy y se sentó a su lado. Como Melitina no podía pasar mucho tiempo inclinada, le hizo una señal para que tomara su lugar jugando con Andy.
Elián, sin más opción, se sentó frente al pequeño. Después, Melitina se levantó para ir a la cocina a ver cómo avanzaban con la comida y ayudar a servir los platos. Una vez lista la mesa, les indicó a Elián y Andy que era hora de comer.
Elián se levantó llevando a Andy al baño para lavarse las manos. Mientras el niño se lavaba, Elián, observando su espeso cabello, no pudo ocultar una hesitación antes de decirle suavemente: "No te muevas, tienes algo en el cabello".
Andy, obediente, se quedó quieto. Entonces Elián aprovechó para arreglarle el cabello y, de paso, sacarle un cabello. El niño, sintiendo el tirón, se tocó la cabeza y preguntó: "¿Qué era?".
Elián, con tono sereno, respondió: "Un pequeño palito que se había enganchado en tu cabello. Ya lo tiré".
Andy solo asintió, sin sospechar nada. Con una sonrisa, Elián le dijo: "Ve al comedor, yo te sigo".
Andy asintió y salió del baño primero. Elián guardó el cabello en una bolsita transparente que había preparado con antelación, la selló y se dirigió al comedor. Durante la cena, él cuidó de Andy con especial atención, sin quitarle el ojo de encima.
Irmina, observando esa escena, no pudo evitar sentir un presentimiento de inquietud. Parecía que, desde la reunión económica reciente, él mostraba un interés excepcional por su hijo, mucho más allá de sus interacciones habituales; no entendía el motivo y temía que Elián sospechara algo.

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