Petrona actuó con rapidez, y al día siguiente ya estaba en el hospital buscando a Irmina. Ésta acababa de terminar de revisar las habitaciones con sus colegas y, camino a su oficina, la vio sentada fuera de ella.
Al verla, Petrona se levantó inmediatamente de la silla, con una mirada que mezclaba piedad y sinceridad. Irmina simplemente la observó, sorprendida por lo mucho que había avanzado su habilidad para actuar; si no fuera porque la conocía desde hacía años, habría pensado que la Petrona de ese momento era una madrastra bondadosa.
"¿Irmina?", cuando Irmina se acercó, ella fue la primera en hablar, con una mirada urgente. "¿Podemos hablar?".
Irmina esbozó una sonrisa fría, le echó un vistazo y asintió: "Claro".
Petrona se sintió aliviada al ver que aceptaba tan fácilmente; se había preparado para llorar si era necesario, pero la rápida aceptación de Irmina la tomó por sorpresa. Ésta última abrió la puerta de su oficina y Petrona la siguió al interior.
Una vez sentadas, la mujer comenzó a hablar con una voz suave: "Irmina, lo siento, en aquellos años fui muy tonta, tenía rencor en mi corazón y por eso siempre te atacaba. Además, tu padre se interponía y eso me llevó a cometer muchas tonterías".
Irmina escuchó sin mostrar ninguna emoción; echar la culpa era lo habitual para Petrona y Nuriel.

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