Irmina empujó a Cira en el pecho con un poco más de fuerza de la necesaria. Ésta última solo sintió un dolor agudo y, cuando intentó devolver el golpe, Irmina agarró su muñeca y la empujó con fuerza. Sin ninguna defensa, Cira cayó al suelo, aterrizando sentada en los escalones; la transformación de Irmina en ese tiempo hizo que ella se sintiera desconcertada.
La Irmina de antes nunca se enojaba, no importaba cuánto la provocaran. Pero en ese momento, no se contenía y ante el menor disgusto, no dudaba en atacarla.
Después de haber sufrido en manos de Irmina algunas veces, Cira tenía algo de miedo de que ella volviera a ponerle las manos encima; con los labios apretados y una mirada de odio fija, la enfrentó: "¿Qué estás diciendo? ¿Qué derecho tienes para echarnos? Voy a llamar a papá, que venga y te ponga en tu lugar".
Sabiendo que no podía ganarle, Cira sacó su celular temblorosamente y marcó el número de Marciano. Irmina la miró desde arriba y con una voz fría como el hielo dijo: "Esta casa ahora está a mi nombre, no importa a quién llames".
Al escuchar eso, Cira se quedó sin palabras, con una expresión de incredulidad mirándola, claramente sin entender qué estaba pasando.
Petrona corrió escaleras abajo para ayudarla a levantarse, lanzando miradas de reproche hacia Irmina: "Irmina, sea como sea, somos una familia. Puedes no aceptarme como tu madrastra, pero Cira siempre será tu hermana, ¿cómo puedes tratarla así?".

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