Las bromas entre los hermanos hicieron que Jacqueline se sintiera incómoda. Giró la cabeza y miró a Rogelio, expresando su impotencia.
«No es que no me haya esforzado lo suficiente, es que la competencia es demasiado fuerte».
El estado de ánimo de Rogelio también era en extremo pesado.
En ese momento, Lidia tosió de repente dos veces, separando a los hermanos. Se dirigió a Cordelia con tono serio.
—Cordelia, este joven está bien ahora. Aunque no lo salvamos, las palabras que acabas de decir en el auto deberían contar, ¿verdad?
El rostro de Cordelia vaciló, queriendo echarse atrás, pero escuchó que Emir la consolaba:
—Delia, quédate un tiempo con la familia Yáñez. Yo cuidaré del Grupo Cordelia por ti. Créeme, no tardaré en hacerte un gran regalo.
Emir ni siquiera necesitó preguntar. Con solo mirar la expresión de Lidia, sabía lo que estaba planeando.
Al escuchar sus palabras, Lidia sonrió de inmediato y dijo:
—Vaya, vaya, por fin has visto la luz tras escapar, por los pelos, de la muerte. Si hubieras sido así de sensato antes, ¿nos habríamos metido en un lío tan grande?
Emir ni siquiera se molestó en responder, lo que hizo que la mayor belleza de Jáltipan crispara las mejillas un par de veces. Se sentía insatisfecha, pero optó por soportarlo. Después de todo, si este joven pudiera persuadir a Cordelia, sería algo bueno.
Por su parte, Rogelio se llenó de inmensa confusión al ver la actitud despectiva de Lidia hacia Emir. Pero enseguida lo comprendió.
«¡Parece que la familia Yáñez aún desconoce las capacidades del doctor Luna! ¡Ja! ¿No es esta una gran oportunidad para nuestra familia?».
Rogelio estaba rebosante de alegría en su corazón, apartándose en silencio para contemplar el espectáculo. Pero no pasó mucho tiempo antes de que Lidia se acercara a él y le dijera:
—¡Señor Barajas, usted sí que adora a su preciosa hija!
Lanzó una mirada significativa a Jacqueline.
Lidia supuso que Emir había sido salvado por Rogelio, y la razón por la que este último debió intervenir, era su hija, Jacqueline.
—¡Argh, ese inútil de Sebastián no es digno!
—Entonces puedo decirle de antemano que, si Sebastián no es digno, ese tipo de apellido Luna es aún más indigno.
—Este es un asunto que concierne a mi familia. Señora Rojas, ¿no se está entrometiendo demasiado? No es posible que le haya tomado afecto a Emir, planeando tomarlo como yerno, ¿verdad?
Rogelio utilizó de forma deliberada tácticas provocadoras y, en efecto, Lidia estalló en cólera, diciendo:
—¿Qué clase de broma es ésta? No soy tan ciega como usted. Aunque me muera, ¡nunca dejaré que ese tipo apellidado Luna entre en mi familia!
Rogelio se sintió aliviado al escucharlo.
Al final, Ricardo y Lidia se llevaron a Cordelia y se marcharon.
Emir no estaba preocupado en absoluto. Cuando dijo que le daría a Cordelia una gran sorpresa, en definitiva, no era una broma. Esta sorpresa sería suficiente para sacudir a la familia Yáñez. Y ese día llegaría muy pronto.

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