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Guardián de Siete Bellezas Hermanas romance Capítulo 148

Manuel habló con voz suave y esbozó una elegante sonrisa, que agradó a Ricardo y Lidia.

«Los hombres deben aprovechar la oportunidad tomando la iniciativa».

Pero su entusiasmo solo hizo que Cordelia frunciera el ceño. Lo miró la mano extendida, sin intención de estrecharla.

—Llámame Cordelia. No soy tan amiga tuya.

La forma en que Manuel se dirigía a ella de manera cariñosa, le había puesto la carne de gallina, pues la incomodaba. Por eso no se molestó en ser cortés con él.

—Cordelia, tú…

Los rostros de Ricardo y Lidia se tiñeron de rojo cuando la vergüenza se apoderó de ellos. Para su sorpresa, Manuel no se enojó. Incluso sonrió y acudió en ayuda de Cordelia.

—No se enojen con Cordelia. Es normal, ya que acabamos de conocernos. Demuestra que es una dama reservada y modesta.

«Qué sensible. Le dieron la espalda y aun así es tan considerado con ella. No podremos encontrar otro hombre como él».

A Ricardo y Lidia empezaba a agradarles más Manuel. Estaban seguros de que le caería bien a su hija si pasaban más tiempo juntos.

—Eres Emir Luna, ¿verdad? Encantado de conocerte. —Manuel sonrió mientras caminaba hacia Emir. No parecía tomarse a pecho el asunto, o tal vez fingía despreocupación.

Manuel sabía que la relación de Emir con Cordelia no era tan sencilla, pero aun así tomó la iniciativa de estrechar la mano de él para demostrar que tenía buenos modales.

No obstante, Emir sonrió y dijo:

—¿Es en verdad un placer?

La respuesta desconcertó a Manuel. Hizo todo lo posible por mantener la compostura, pero el tic de sus labios era inconfundible.

«¿Este bribón está tratando de humillarme?».

El enfado burbujeó en el corazón de Manuel, haciéndolo ejercer más fuerza en el apretón de manos.

Había asistido a clases de defensa personal durante dos años cuando estudiaba en el extranjero, en Jojutla, de ahí que su brazo fuera más fuerte que el de la gente corriente. Por supuesto, creía que podía demostrarle a Emir quién era el jefe.

«Esto será una advertencia para Manuel de que no se juega conmigo».

Sintiendo una pena increíble, Lidia masajeó la palma de la mano de Manuel, de color remolacha, mientras miraba de fijo a Emir.

—Manuel solo estaba siendo amable. Está bien si no quieres entretenerlo. ¿Por qué tenías que apretarle tanto la mano? Eres un bruto.

Lidia no fue demasiado dura con sus palabras porque temía que Cordelia se enfureciera.

En circunstancias normales, palabras como «inculto» y «vulgar» habrían escapado de su boca hace tiempo. Por fortuna, logró controlarse. De lo contrario, Emir le habría dado una fuerte bofetada a Lidia, aunque fuera la madre de Cordelia.

—Está bien… ¡Ja, ja! No guardaré rencor a hombres incivilizados como él.

Manuel solo podía hacer lo posible por recuperar su comportamiento amistoso tras la humillación de antes. Tenía que fingir indiferencia por mucho que detestara a Emir.

Y lo que es más importante, podría hacer que Ricardo y Lidia lo vieran como una persona culta con una buena educación.

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