Era evidente que Ivonne se estaba cuidando de verdad.
Vera revisó cada rincón del apartamento, soltando por fin un profundo suspiro de alivio.
Era la prueba de que Ivonne estaba superando todo.
El tiempo es, de hecho, el mejor curandero.
Y en cuanto a Daniel... su vida y su muerte ya no importaban en lo absoluto.
Mientras Ivonne preparaba la cena para Vera, su celular empezó a sonar. Con las manos ocupadas, le pidió a Vera que contestara en altavoz.
Vera miró la pantalla para ver quién era.
Gonzalo Salgado.
Le echó una segunda mirada antes de aceptar la llamada.
La voz en el altavoz sonó clara y directa.
El tono del hombre era calmado, pero desenfadado: —Señorita Solís, ¿podría venir un poco más temprano mañana a casa?
Al escucharla llamarla "Señorita Solís", Vera hizo el esfuerzo de acostumbrarse al nuevo nombre de Ivonne. Ahora se llamaba Noemí Solís. Solís era el apellido de su abuela materna; la única persona que había sido verdaderamente amable con ella. Después de su fallecimiento, no quedó nadie que la defendiera.
Por eso, al elegir una nueva identidad, decidió honrarla con su apellido.
Ivonne no dejó de picar las verduras: —Claro, a las nueve, ¿está bien?
—Perfecto. Nos vemos mañana.
El hombre llamado Gonzalo Salgado cortó la llamada.
Vera se acercó, curiosa: —¿Quién es él?
Sin levantar la vista de lo que estaba haciendo, Ivonne le contestó: —Es mi cliente, el tío del niño autista. Es una historia bastante trágica; el sobrino tiene seis años. A los cuatro perdió a su mamá. Parece que el impacto de ver a su madre morir en un accidente de auto lo afectó tanto que, desde entonces, desarrolló tendencias autistas. Ese Señor Salgado es quien lo cría.
—¿Y el niño no tiene papá?
Ivonne se quedó pensativa un momento: —De eso no tengo mucha idea, pero supongo que no. Empecé a trabajar con ellos hace quince días y solo conozco detalles sueltos.
—¿Y qué edad tiene ese Señor Salgado? —preguntó Vera, apoyando la barbilla en la mano.
—29. Es bastante joven. Con lo del niño de su hermana, básicamente le tocó ser papá a la fuerza.
Vera asintió comprensiva. —¿Y qué tal es el niño?
Había escuchado que a veces es difícil lidiar con los niños autistas, y temía que su amiga no pudiera manejar la situación.
Ivonne trató de recordar: —No está mal. Es muy tranquilo y obediente, casi no hace rabietas. Creo que se debe a que yo hago mucho más alboroto que él; lo intimido un poco, así que hace lo que le pido.
Al ver la cara de triunfo de Ivonne, Vera soltó una carcajada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...