Al salir del salón privado, Silvana Iriarte dobló la esquina cuando alguien la agarró de golpe y la arrastró hacia las escaleras.
Con una mano tapándole la boca, miró aterrorizada a Claudio Zambrano, que estaba frente a ella.
Los ojos de Claudio desbordaban desprecio mientras la recorría de arriba abajo: —¡Maldita zorra! ¿Me traicionas y todavía tienes el descaro de esperar un final feliz con Sebastián? ¿Por quién te tomas?
Silvana no se atrevía a provocarlo.
Ella sabía perfectamente que Claudio era el típico niño rico malcriado por la familia Zambrano, al que no le importaba en lo más mínimo la caballerosidad ni el respeto hacia las mujeres.
Con el cuello atrapado entre sus dedos, solo lograba soltar gemidos ahogados.
Claudio estaba furioso; nunca en su vida había sido tan humillado.
Su prometida intentando seducir a su hermano mayor.
¿Con qué cara iba a presentarse ante su círculo de amistades?
Le dio unos golpecitos bruscos en la mejilla a Silvana, con la mirada ensombrecida: —Quizás ahora mismo no pueda hacerle nada a mi hermano, pero destruirte a ti, una cualquiera que viene de una familia insignificante, es pan comido.
Silvana estaba muerta de miedo, pero aun así logró decir: —¡Sebastián no lo permitirá!
La mirada de Claudio se volvió asesina mientras la empujaba violentamente contra la pared: —¡Sigue soñando si crees que vas a entrar a esta familia! ¿De verdad crees que la familia Zambrano te va a aceptar teniendo ahora mismo el tesoro que es Vera? ¿Qué te hace pensar eso? Ella ya es profesora en la Universidad Central, su futuro es brillante, y tú solo vas de fracaso en fracaso. ¿Crees que mi familia es una fundación de caridad?
Los ojos de Silvana temblaron con fuerza.
—Despierta. Mientras Vera siga donde está, la familia Zambrano jamás rebajará sus estándares para aceptar a una mujerzuela como tú.
Claudio soltó una carcajada cargada de malicia: —Pero tranquila, Silvana, todavía tenemos mucho tiempo por delante. Me aseguraré de que te arrepientas de cada estupidez que has cometido.
La soltó de golpe y se dio la vuelta para marcharse.
Silvana se agarró el cuello, jadeando con desesperación.
Tenía los ojos desorbitados por el pánico.
Le aterraba pensar de lo que Claudio era capaz.
Pero sabía que lo que había dicho era la pura verdad.
Vera ahora... estaba en la cima.
Y había mucha gente dispuesta a hacer fila por ella.
Mientras Vera no cayera, la familia Zambrano jamás le abriría las puertas a ella.
Apretó los dientes, respiró profundo, se arregló un poco la ropa y salió al pasillo de nuevo.
A lo lejos vio a Sebastián fumando junto al barandal del segundo piso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...