Vera no aguantó más.
Se giró bruscamente y replicó con voz helada: —Permite que su nieto sea infiel y viene a exigirme a mí. ¿Con qué derecho me sermonea? ¡De ahora en adelante, lo que le pase a los Zambrano ya no es problema mío!
Era la primera vez que Vera le contestaba con tanta insolencia a Doña Isabel.
Su rostro se tornó sombrío al instante: —¿Qué clase de actitud es esa con tus mayores? ¿Acaso la familia Zambrano no te ha tratado lo suficientemente bien?
Justo cuando Doña Elia Valdés pasaba por allí, escuchó de golpe aquel intento de manipulación emocional.
Se acercó de inmediato.
Tomó a Vera de la mano y la puso detrás de ella, mirando a la anciana de arriba abajo con total desdén: —Ya no estamos en la época de las monarquías, ¿te crees la reina madre? Además de haber desperdiciado oxígeno todos estos años, ¿qué aporte has hecho a la sociedad para exigir que los demás te rindan pleitesía? Eres una vieja sin una gota de respeto.
Vera se quedó boquiabierta.
Era la primera vez que alguien la defendía de esa manera.
En cuanto Doña Isabel vio a Doña Elia, y especialmente tras escuchar palabras tan hirientes, su rostro palideció de furia.
Incluso en su juventud, Doña Elia siempre la había opacado.
Desde joven, Doña Elia nunca tuvo modales de señorita refinada; hablaba sin filtro, actuaba de manera impredecible y era exasperante. ¡Y de vieja seguía siendo igual de insufrible!
A Doña Elia no le importó en absoluto la cara que puso Doña Isabel.
Tomó a Vera de la mano y se alejó con ella: —Un buen anciano es una bendición para las nuevas generaciones. Pero de esos vampiros emocionales que solo le chupan la energía a los jóvenes, hay que correr lo más lejos posible.
Doña Isabel temblaba tanto de rabia que apenas podía mantenerse en pie.
A Doña Elia no le importó en lo más mínimo.
Se llevó a Vera de allí sin mirar atrás.
Vera la siguió obedientemente en silencio.
Hasta que llegaron a la salida.
Doña Elia soltó otra maldición por lo bajo.
Pero Vera sentía el pecho desbordado de emoción.
Doña Elia se comportaba como esa matriarca amorosa que defiende ferozmente a su manada. Era la primera vez en muchísimos años que sentía lo que era ser protegida por alguien de la familia.
—Mi pequeña Vera, escucha el consejo de esta vieja —le dijo Doña Elia mirándola a los ojos—. En la familia Zambrano todos son demonios vestidos de gente. Esa gente forrada de dinero viejo no conoce lo que es el cariño real. Una chica tan brillante como tú no debería desperdiciarse ahí sufriendo humillaciones. Sé que no me incumbe, pero te daré un consejo.
—Divórciate.
—Sebastián Zambrano no es el hombre para ti; su corazón no te pertenece.
Doña Elia no conocía a fondo todos los detalles de la relación de ambos.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...