Sin importar cuánto tiempo llevaban Adolfo y Esperanza trabajando juntos, Esperanza conocía a Adolfo como la palma de su mano.
Por eso, en cuanto él soltó esas palabras, Esperanza lo entendió en un instante.
—Jajaja, ya capté lo que quieres decir.
—Si Marisol y Lorenzo no solo están haciendo negocios, sino que tienen algo íntimo, entonces seguro que se les va a venir la noche encima.
—Y si Marisol es tan despistada como parece, pues ni modo, hay que empujarla un poquito. Que Federico vea bien clarito lo que su novia anda haciendo a sus espaldas.
Si iba a terminar mal, mejor que fuera definitivo.
Al final, Federico y Marisol estaban juntos porque se querían, o eso decían.
Esperanza no podía evitar recordar cómo, cuando ella estaba con Federico, Marisol siempre discutía sobre el significado del amor, como si solo ella lo entendiera.
¿No decía Marisol que Federico la amaba de verdad y por eso estaban juntos?
Pues Esperanza quería que Marisol viera de una vez por todas lo barato que podía ser ese “amor” de Federico.
—Así es —continuó Adolfo—. Incluso si Federico ya no siente nada por Marisol, ella sigue siendo su novia delante de todos.
—Cuando esto salga a la luz, Federico y Marisol no van a tener más remedio que romper. Se acabó cualquier posibilidad de que sigan trabajando juntos. Además, esto va a pegarle directo a los planes de Federico.
Adolfo expuso todo con la seguridad de quien tiene la jugada bien planeada, detallando cada ventaja y desventaja para que Esperanza lo tuviera claro.
Esperanza asentía mientras lo escuchaba, sintiendo que el plan iba mejor de lo que esperaba.
Al principio solo quería que Marisol cayera desde lo más alto, pero ahora, al ver que también podía arrastrar a Federico, la situación le resultaba aún más satisfactoria.
—Entonces no hay prisa —dijo Esperanza—. Ahora solo falta ver si Marisol es tan ingenua como creemos.
Apenas saliendo del programa de entrevistas, Marisol ya se había ido con Lorenzo.
A plena luz del día, si lo que sospechaban era verdad, Esperanza solo podía agradecerle a Marisol por ponerle la situación en bandeja de plata.
Esperanza y Adolfo se miraron y sonrieron, ambos esperando a que Petrona llamara con novedades.



—Gracias, Petrona. Ahora súbete al carro y regresa de inmediato, no te quedes ni un minuto más ahí.
Esperanza ya tenía claro lo que debía hacer: avisarle a Federico lo antes posible.
En menos de lo que canta un gallo, Esperanza y Adolfo ya estaban en el carro, rumbo al hotel.
—Vámonos —dijo Esperanza.
Al llegar al Hotel La Perla, ninguno de los dos se apresuró a entrar.
En vez de eso, notaron que otras personas, seguramente avisadas por el chisme, también llegaban a toda prisa.
—Aquí empieza el espectáculo. Mira, hasta traje a los reporteros —comentó Adolfo, orgulloso.
Todo estaba perfectamente calculado. Adolfo había movido los hilos para que nada se escapara de sus manos.
Esperanza y Adolfo se quedaron en un costado, observando en silencio, a la espera de que el drama estallara frente a todos.

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