—¡Con razón! No te preocupes, mi niña, mañana mismo invito a tomar el té a la señora Ferrer para averiguar bien todo sobre Gabriel.
—Exacto, será mejor que le organices algo a Tamita. Ve si Gabriel puede venir a comer a la casa el fin de semana para que los chicos interactúen más.
—Por cierto, Caleb, ya que te llevas tan bien con Gabriel, tráelo más seguido a la casa para que tu hermana tenga más oportunidades de pasar tiempo con él.
Tomás y Teresa parecían haber encontrado un nuevo propósito en la vida, y se pusieron manos a la obra con todas sus fuerzas.
La sola idea de casar a su hija los llenó de una energía inmensa.
—Ejem, ejem, no lo hagan tan obvio, ¡si no, voy a parecer desesperada!
—Solo arréglame una primera cita con Gabriel; después, yo me encargo de ir poco a poco.
Al ver el exceso de entusiasmo de sus padres, Tamara se preocupó de que, si forzaban mucho las cosas, terminaran asustando a Gabriel.
—Qué tonterías dices, ¿cómo vas a parecer desesperada? Mientras más convivan, más fácil será que surja el amor.
—Ese chico Gabriel me gusta mucho. ¿Cómo no se me ocurrió antes? ¡Jajaja, pues decidido!
Tomás y Teresa cerraron el trato de inmediato, ignorando por completo las palabras de su hija.
Si pudieran, los amarrarían juntos y les firmarían el compromiso en ese mismo instante.
Tamara, al ver a sus padres tan ansiosos por empacarla y entregarla a domicilio, se frotó la frente con resignación.
*Ya valió —pensó ella—. Yo solo quería una cita discreta, y ahora parece que toda la familia está en plan de guerra. Capaz y esto se convierte en una operación de 'captura' masiva.*
Pero bueno, no estaba mal; a lo mejor así lograba someter al pesado de Gabriel. Jejeje.
Tamara era una persona muy optimista y enseguida le vio el lado bueno.
Se levantó del sofá, se estiró y dejó escapar una sonrisa pícara.

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