—Ah, está bien, descansa —Liam, muy obediente esta vez, se levantó y se dirigió a la salida, despidiéndose antes de cerrar la puerta: —Buenas noches, Alba.
Era un hombre hecho y derecho, en la plenitud de su juventud y vigor; sus impulsos y necesidades no eran nada del otro mundo.
Pero, por supuesto, por encima de sus propias urgencias, valoraba mucho más los sentimientos y deseos de ella.
Y como ella se lo había pedido, él había abandonado la habitación dócilmente.
No obstante, le quedaba claro que Alba no lo rechazaba ni sentía aversión a la idea.
Únicamente estaba demasiado nerviosa e insegura.
*"Cuando sea el momento perfecto. Cuando sea el momento perfecto... ¿Cuándo será?"*
Echado en la cama de la recámara de al lado, Liam no dejaba de meditar sobre aquellas palabras.
Alba no había dejado de repetirlo. ¿A qué se refería exactamente con "el momento perfecto"?
Repentinamente, recordó que faltaba muy poco para el cumpleaños de ella.
—El cumpleaños de Alba ya casi está aquí —susurró.
¡Así que esa era la forma correcta de interpretar el "momento perfecto"!
Debería ir preparando una celebración por todo lo alto.
Con eso en mente, esbozó una sonrisa enorme.
Cualquier cosa relacionada con ella llenaba su corazón de un regocijo indescriptible.
Era verdaderamente mágico.
El domingo llegó.
Alba Moreno atendió a la invitación de Inés Jiménez y se presentó temprano en la residencia de los Jiménez.
Como se había adelantado un poco, la abuela de los Jiménez aún no llegaba.
—Señorita linda, te extr-extrañé.
Simón sabía que ella iría a visitarlos ese día, por lo que llevaba un buen rato aguardándola junto a la puerta principal.

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