¿Acaso querían abusar de ella?
¿Estaban locos?
Aunque sabía perfectamente que era hermosa, ¡estamos en una sociedad civilizada, no podía creer que aún hubiera gente con esas intenciones!
¡Si querían mujeres, podían ir a buscar a otra parte!
—Con lo fea que eres, nadie querría ni tocarte.
El hombre, pareciendo adivinar sus pensamientos, habló con profundo desagrado.
*¿Cómo se atrevía a llamarla fea?*
Antes de que Valeria pudiera maldecirlo, de repente le pusieron una bolsa negra en la cabeza.
Al segundo siguiente, en el pequeño callejón resonaron los golpes y sus gritos agonizantes.
No tenían intenciones turbias, y normalmente no golpearían a una mujer. Pero claramente no la consideraban una.
—¡Dios mío! ¿Qué te pasó?
Cuando Valeria regresó con la cara desfigurada a golpes, Clara Serrano se asustó tanto que casi no reconoció a su propia hija.
—¡Buááá! No tengo idea de qué pasó. Apenas salí del bar, me pusieron algo en la cabeza y me agarraron a golpes.
Valeria quería llorar, pero las lágrimas empapaban sus heridas y le provocaban un dolor ardiente.
Solo pudo aguantarse el llanto, sintiendo una frustración que la consumía por dentro.
—Quién sabe qué envidias despertaste entre esas malas juntas tuyas. Al fin y al cabo, nuestra posición es prestigiosa y es fácil que nos tengan envidia.
Clara Serrano fue a buscar el botiquín de primeros auxilios para desinfectarla y aplicarle pomada, mientras le advertía con seriedad:
—Deja de salir tanto y no te juntes con muertos de hambre. La gente pobre suele envidiar a los ricos.
—Menos mal que no te quedarán cicatrices, ¿sino cómo piensas casarte? Sal menos por estos días, a la familia Jiménez le detestan los escándalos.
Si esos chismosos paparazzis le tomaban fotos a su hija saliendo de un bar a altas horas de la noche, y además golpeada de esa manera...
Sería, sin duda, el titular principal en las redes sociales al día siguiente.


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