Tamara abrió los estados de WhatsApp de Gabriel y empezó a curiosear como toda una chismosa.
Aunque solo podía ver las publicaciones de los últimos seis meses, notó que compartía libros, fotos de café o bebidas.
Y sobre todo, paisajes de los lugares turísticos que visitaba.
Eso encajaba perfectamente con sus propios gustos.
—Oye, vinimos a relajarnos. ¿Por qué estás tan pegada al celular?
Alba le recriminó al verla con la cabeza gacha, inmersa en la pantalla.
Su intención original al organizar ese viaje era que Tamara, siendo nueva en la empresa, conviviera con los empleados para facilitar su integración y su trabajo futuro.
Ese era uno de los motivos principales de aquel retiro.
Pero ahí estaba la muy terca, sentada sola jugando con el teléfono.
—Me costó muchísimo que cierta persona me diera su número, ¡obvio tengo que revisar qué cosas tan misteriosas publica!
Respondió Tamara con segundas intenciones, agitando el celular frente a cierto hombre.
Sentado frente a ella, Gabriel ni siquiera la miró. Solo esbozó una media sonrisa y siguió asando ostras con total tranquilidad.
—Bueno, bueno, ya voy a integrarme con los demás, jeje.
Añadió Tamara con una risita al ver que no lograba provocar al insufrible de Gabriel.
Justo cuando estaba a punto de levantarse para ir a jugar al bádminton, alguien se sentó a su lado con demasiada confianza.
—Albita, ¿qué se te antoja? Yo te lo preparo.
El atrevido no era otro que Isaac Moreno.
Con una sonrisa de oreja a oreja y frotándose las manos, se dispuso a preparar unas brochetas para su hermana biológica.
—No hace falta —respondió Alba, rechazándolo sin titubear.


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