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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 734

Ella había dado por sentado que esa mujer ni muerta se presentaría ahí.

¿Acaso no había alardeado con aires de grandeza que cortaba todos los lazos con la familia Moreno?

¿No había sentenciado que nunca más en la vida volvería a tener contacto con ellos?

¿Por qué, entonces, se aparecía ahora de la nada?

¿Sería que, al enterarse de la muerte de Eduardo Moreno, venía a fingir dolor con la esperanza de asegurarse una tajada más grande de la herencia?

¡Era un disparate absoluto!

—No me llames hermana, escuchar eso me da asco. Yo no tengo parientes con esa cara.

—¡Tú! —Valeria soltó una risa indignada.

¿Quién se creía que era para hablar de belleza?

¿De verdad se sentía bajada del cielo?

Buscando su apoyo de siempre, Valeria dirigió a sus tres hermanos una mirada lastimera, actuando como la víctima indefensa.

Pero los tiempos habían cambiado e Isaac y los demás ya no iban a tolerar su jueguecito.

De no ser por el profundo respeto que le debían al funeral de su padre, ¡la habrían destrozado allí mismo con sus propias manos!

—Y no te atrevas a llamarnos hermanos nunca más. A mí también me revuelve el estómago.

—No solo evites llamarnos así, haz un favor y desaparece de nuestra vista. ¿Queda claro?

—Albita les dijo que se largaran, ¿no escucharon?

Al ver cómo los tres hermanos finalmente hacían un frente unido, Lana Moreno se sintió conmovida hasta las lágrimas.

La única lástima era que su hermano mayor ya no estuviera para presenciarlo, y que Sara estuviera postrada sin ánimo de seguir adelante.

—Váyanse ya. Aquí nadie los quiere —añadió Lana, rematando el rechazo.

¡Malditos Moreno!

Incluso Clara Serrano, y no solo Valeria, se sentía humillada hasta lo más profundo.

¿Cómo se atrevían a gritarles y echarlas delante de toda esa gente, importándoles un bledo las apariencias y las buenas costumbres?

Por puro instinto, Clara buscó con la mirada a Federico Jiménez, que observaba desde cierta distancia. Sus ojos suplicantes estaban cargados de un fingido desamparo capaz de conmover a cualquiera.

—Entiendo que su presencia pueda resultar incómoda, pero han estado al lado del director Moreno durante muchísimo tiempo.

—Si tanto te gusta protegerlas, ¿por qué no te las llevas a vivir con la familia Jiménez?

—Por favor, señor Jiménez, la puerta está por allá.

Esta vez, el rostro de Federico se oscureció por completo, cargado de enojo y vergüenza.

Lanzó una mirada afilada a los hermanos y luego fijó sus ojos en el rostro de Alba.

Al observar las hermosas facciones de la joven, creyó captar un mensaje oculto detrás de sus acciones.

Ja.

Sin pronunciar una sola palabra más, levantó la barbilla con orgullo y se dirigió a la salida sin mirar atrás.

Al verlo partir, a Clara no le quedó otra opción que agachar la cabeza y apurar el paso, arrastrando a Valeria con ella para huir a la sombra de Federico.

¡No importaba, la venganza sería dulce y llegaría pronto! ¡Iba a destruir a la familia Moreno!

—Vaya, qué espectáculo... este trío parece una familia de verdad —murmuró Isaac con tono sarcástico.

Tras la partida de los tres indeseables, la ceremonia continuó. Los asistentes apenas se atrevían a respirar.

La tensión había estado a punto de hacer explotar la sala y los invitados entendieron que lo más prudente era guardar silencio absoluto y limitarse a observar.

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