Alba Moreno no sabía si era su imaginación, pero sentía que Liam Góngora también estaba en el concierto.
*Pero alguien tan frío y arrogante como Liam Góngora no debería estar interesado en los conciertos, ¿verdad?*
Mientras divagaba, sintió de pronto una mirada ardiente clavada en ella.
Alba Moreno levantó la cabeza por instinto; sus ojos recorrieron los palcos VIP del segundo piso y logró distinguir a lo lejos la silueta de un hombre alto de pie junto a la barandilla. La luz de fondo no le permitía ver su rostro, pero ese contorno...
Su corazón dio un vuelco.
*¿Liam Góngora?*
*¿No me digas? ¿De verdad es él?*
*¿Él también vino a ver el concierto?*
Alba Moreno sintió un nerviosismo inexplicable.
Se sintió como si la hubieran atrapado con las manos en la masa, como si le hubiera hecho algo malo a él.
*Pero yo vine al concierto sin esconder nada, ¿por qué siento esta culpa?*
Tamara Saldaña siguió su mirada y también se quedó congelada:
—¿Eh? ¿Ese chico no se parece a... al señor Góngora? ¡Quién iba a decir que también le gusta seguir ídolos!
Alba Moreno bajó la mirada de inmediato, fingiendo no haberlo visto, pero su corazón latía cada vez más rápido sin control.
*¿Qué hace en un lugar como este?*
En el escenario, la presentación de Julián Kosta se acercaba a su fin, y el ritmo de la música comenzó a bajar; jadeando ligeramente, tomó el micrófono:
—Esta última canción es para ustedes, ¿les ha gustado la noche?
El lugar estalló de nuevo:
—¡Sí!
Sin embargo, Alba Moreno estaba distraída; sus dedos se apretaron de forma inconsciente en la correa de su bolso.
Tenía el corazón acelerado y una sensación extraña que no podía describir.
Tamara Saldaña se acercó y bajó la voz:
—Albita, ¿no me digas que te sientes culpable?
—¿Culpable de qué? —respondió Alba Moreno a la defensiva.
—¿Y entonces por qué te la pasas espiando hacia el segundo piso? —Tamara Saldaña soltó una risita burlona—. ¿Acaso tienes miedo de que alguien se ponga celoso?
A Alba Moreno le volvieron a arder las orejas, le dio un ligero empujón y, avergonzada, dijo:
—¡Mira a tu ídolo y deja de decir tonterías!
En ese instante, su teléfono vibró de nuevo.
Alba Moreno dudó un momento, pero terminó sacándolo para ver la pantalla.
Liam Góngora: [Cuando termine, nos vemos en el estacionamiento.]
Alba Moreno guardó silencio absoluto.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada