La voz de Julián resonó a sus espaldas, con un toque de sinceridad.
—Señorita Moreno, espero que disfrute la noche.
¿Disfrutar?
¿Qué le pasaba? Ni siquiera eran amigos.
Alba no miró atrás y salió casi corriendo hacia el pasillo, topándose de frente con una Tamara histérica.
—¡Por Dios! ¿En dónde te metiste? —Tamara la tomó del brazo—. ¡Me acaban de decir que JK está por aquí cerca y las fans están corriendo para buscarlo!
Alba miró de reojo hacia la puerta de emergencia y soltó la primera excusa que se le ocurrió.
—Me perdí buscando el baño. Ya vámonos, ¿no íbamos a ver tiendas?
—Está bien, vamos. Vi un restaurante de carnes muy de moda en internet; comemos y luego nos vamos de compras. —A Tamara le encantaba comer, y ningún buen platillo se le escapaba.
Rápidamente, llegaron al restaurante. La carne asada estaba exquisita y comieron hasta no poder más.
A eso de las siete de la noche, se dirigieron al estadio para el concierto.
La entrada era un mar de gente. Las fans gritaban y levantaban carteles, llenas de adrenalina.
Alba suspiró impresionada.
—Vaya locura. Se nota que es una estrella de verdad.
Tamara presumió sus boletos con una gran sonrisa.
—¡Y estas son de la zona VIP! ¡Vamos a tenerlo cerquita!
Cuando llegaron a la zona de acceso, Tamara le entregó sus boletos al guardia.
—Lo siento, pero esta es la zona VIP. Muéstrenme sus entradas válidas —dijo el guardia con cara de pocos amigos.
Tamara se quedó en blanco.
—¡Pero si estos son boletos VIP!
El guardia les echó un vistazo y frunció el ceño.
—Son falsos. No pueden pasar.
—¿Qué? ¿Cómo va a ser? —se alteró Tamara—. ¡Pagué una fortuna por estos boletos a un revendedor!
Cuando soltó el dinero, le dolió hasta el alma, pero lo hizo por ver a su artista favorito.


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