Por lo general, Pablo casi nunca estaba en casa a esa hora.
Pero como ese día no tenía mucho trabajo, quiso volver temprano para ver a su madre y buscar la forma de consolarla.
Jamás imaginó que, al llegar a casa, la encontraría tirada en el suelo.
—¡Mmm, mmm, mmm! —Sara intentó decir algo, pero le fue imposible articular una sola palabra.
Cuanto más se desesperaba y se enfurecía, menos podía hablar.
Al final, los ojos se le pusieron en blanco y se desmayó soltando espuma por la boca.
—¡Mamá! ¡Mamá! ¿Qué te pasa? ¡Rápido, llama a una ambulancia!
Valeria daba vueltas como loca, fingiendo estar profundamente ansiosa y preocupada.
Esa habilidad actoral y la velocidad con la que cambiaba de cara mejoraban día a día.
Desesperado, Pablo llamó a una ambulancia y también solicitó la presencia inmediata del médico privado de la familia.
Tras arreglar todo, por fin miró a Valeria con el ceño fruncido y preguntó:
—¿Por qué estás aquí? ¿No te habíamos dicho que por un tiempo no volvieras a la casa?
Ya empezaba a sospechar que su madre se había puesto así por la alteración de haber visto a Valeria.
—Lo siento, Pablo. Es solo que he estado tan acostumbrada a vivir aquí con ustedes que de repente separarnos me dolió mucho.
—Isaac me dijo que mamá no ha estado bien anímicamente en estos últimos días. Estaba tan preocupada y la extrañaba tanto, que por eso vine a verla.
Valeria se mostró dolida y agraviada, sollozando en voz baja.
Esa actitud, junto a sus palabras, lograron ablandar el corazón de Pablo una vez más.
Al final, se guardó los regaños y la insatisfacción.
Sintió un ligero pinchazo de dolor en el corazón, algo que últimamente le sucedía con más frecuencia.
Esa noticia dejó a los hermanos Moreno y a Eduardo estupefactos. No podían creerlo.
—Doctor, ¿no será un diagnóstico equivocado? ¿Cómo puede ser? Mi esposa se hace chequeos de rutina cada año, y últimamente con más frecuencia.
—Sin embargo, nunca nos dijeron nada sobre esta enfermedad.
Valeria, de pie a un lado, fingía estar igual de conmocionada.
—¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible? —murmuraba.
—Es muy común que esta enfermedad pase desapercibida en sus primeras etapas, y no es raro que se confunda con problemas menores.
—He revisado su historial médico y, en efecto, al principio casi no presentaba síntomas. ¿Cómo es que se agravó tan rápido?
—¿Ha sufrido de algún sobresalto reciente? En este tipo de enfermedades, los episodios de estrés son perjudiciales, pues hacen que avance con rapidez a un estado crítico.
Ante las palabras del médico, los miembros de la familia guardaron silencio y apretaron los labios.

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