—No hace falta, te lo agradezco.
Tras decir eso, Liam le colgó el teléfono directamente.
Lo había hecho a propósito. No le avisó a ese imbécil por una buena razón.
Ese tipo era demasiado escandaloso y exagerado. Si le hubiera contado o le hubiera pedido consejo, habría montado un circo monumental.
Sabía que a Alba nunca le habían gustado esas exhibiciones vacías y pretenciosas. Si las cosas salían mal y ella lo rechazaba, el que terminaría llorando sería él.
Después de colgar, Liam fijó la mirada en su preciosa novia.
La muy traviesa se estaba riendo a carcajadas.
Sin previo aviso, lanzó un ataque sorpresa y empezó a hacerle cosquillas en la cintura.
—¡Jajaja! ¡Oye, qué haces!
Alba estalló en risas una vez más.
Rara vez reía con tantas ganas. Seguramente porque hoy era un día verdaderamente maravilloso.
Estaba muy feliz.
—Eso te pasa por reírte de mí.
Liam sabía que tenía cosquillas, por eso recurrió a esa táctica.
Alba intentaba esquivar sus manos mientras reía, con un tono ligeramente coqueto:
—¡Ya no lo haré más, lo prometo, no me vuelvo a reír de ti!
Liam la observó, cautivado por su energía radiante. Su corazón se llenó de amor y detuvo el ataque.
Alba, recuperando el aliento, le dio un suave golpecito en el hombro.
—Abusador.
Liam aprovechó el movimiento para tomarle la mano, atraerla hacia su pecho y susurrarle con ternura:
—Solo abuso de ti.
Alba apoyó la cabeza en su pecho, escuchando los latidos de su corazón, mientras un rubor cálido volvía a teñir sus mejillas.
—Bah, le robó el prometido a la señorita Jiménez y todavía tiene el descaro de presumirlo en internet. Ya verán cómo queda en ridículo cuando la dejen.
—¡Si no sabes de lo que hablas, mejor cállate, hater! ¡Lo de la Jiménez era solo un matrimonio arreglado por las familias, y ambos cancelaron el compromiso por mutuo acuerdo! ¡Deja de inventar chismes!
—Pura envidia de ver a otros felices. ¡A ver si te consigues un hombre así! ¡Tú no sirves ni para ser la amante!
Entre la avalancha de bendiciones y mensajes positivos, siempre había un pequeño grupo de resentidos lanzando comentarios ácidos y ataques.
Pero apenas publicaban sus venenos, eran atacados en masa y enterrados por el resto de la comunidad.
Después de todo, quienes los apoyaban eran la inmensa mayoría.
Mientras tanto, en la casa de la familia Jiménez.
—¡Silvia! ¿Ya viste lo que está pasando en internet? ¡Liam se le declaró a esa tal Moreno, y frente a todo el mundo!
—¡Es indignante! ¿Qué derecho tiene esa mujer de recibir una declaración pública de Liam? ¡Es una falta de respeto hacia ti!
Bárbara Jiménez, tras ver el escándalo en redes sociales, corrió a los aposentos de Silvia y empezó a gritar a todo pulmón, furiosa.

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