—Así es, Liam le está preparando la comida a Albita —dijo Susana, echándole más leña al fuego sin disimulo.
Aunque también habría comida para ella y Simoncito, era evidente que todo esto era gracias a Alba.
—¿Qué? ¿Liam va a cocinar él mismo para esa mujer? ¡Eso es inaceptable! —exclamó la anciana, con el rostro lleno de incredulidad, mostrándose completamente incapaz de asimilarlo.
¡Su adorado nieto, ensuciándose las manos para cocinarle a una mujer!
¡Qué falta de respeto a las buenas costumbres!
Su precioso nieto tenía un linaje distinguido, una posición elevada y controlaba el destino de todo el país.
¿Cómo era posible que un hombre de su prestigio se rebajara a cocinar para una mujer?
—Sí, ¿tiene algo de malo? —preguntó Susana, genuinamente confundida.
—¡¿Todavía te atreves a preguntar si tiene algo de malo?! ¿Te parece apropiado que Liam le cocine a una mujer? ¿Y encima va a cocinar para todos?
¡Se iba a agotar por completo!
A la anciana le partía el corazón pensarlo, porque, obviamente, no podía estar cocinando solo para Alba Moreno, ¿verdad?
—Es muy apropiado, totalmente apropiado. Cocinar para su futura esposa es lo más natural del mundo; heredó perfectamente el carácter de su padre.
—Pero no se preocupe —Susana le dio unas palmaditas en el hombro a la anciana—. Solo preparó porciones para mí, para Albita y para Simón. No se va a cansar demasiado.
¿Eso significaba que ella y Silvia no iban a comer?
¡A la anciana casi le da un infarto del coraje!
—Ah, por cierto, doña Matilde, supongo que ya almorzó antes de venir, ¿verdad?
—¡Aún no he almorzado! —masculló la anciana entre dientes.
Precisamente porque quería unirse a ellos para almorzar, había venido sin comer.
¿Por qué estaba tan de mal humor de repente?
Susana se sintió un poco confundida, pues normalmente su suegra almorzaba muy temprano.
—Bueno, en ese caso, le diré al chef de la familia que les prepare algo a usted y a Silvia, no se preocupe.
Doña Matilde se quedó sin palabras.
Solo podían quedarse mirando cómo esa «familia de cuatro» interactuaba felizmente, sin poder intervenir ni decir una sola palabra.
Había que admitirlo: las habilidades culinarias de Liam habían mejorado de forma impresionante.
No solo lograba controlar el fuego a la perfección, sino que los platos que preparaba tenían un aroma, color y sabor exquisitos.
Incluso manejaba el sartén con una soltura que dejó a Alba gratamente sorprendida.
—Nada mal, no sabía que tenías talento para esto. Estos platillos se ven increíbles —dijo Alba, sintiendo cómo se le abría el apetito solo con mirarlos.
Y lo mejor de todo, ¡eran puros platillos que a ella le encantaban!
—No está mal, pero fue gracias a que me ayudaste que pudimos terminar tan rápido —respondió Liam, quien por fin había descubierto el placer de cocinar en pareja.
Él lideraba, ella le ayudaba. Ambos compartían en la cocina, lanzando una que otra broma de vez en cuando.
La sensación era inmejorable. Ahora entendía por qué su madre había insistido en que Alba lo ayudara.
Si pudiera disfrutar de tardes así de relajadas todos los fines de semana de su vida, sería una verdadera felicidad.

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