Pensó que tal vez era porque últimamente había estado muy preocupada por los asuntos del Grupo Moreno; su marido casi nunca estaba en casa, por lo que no dormía bien y su salud y energía se resentían a causa de ello.
—Estoy bien, no habrá una próxima vez, gracias.
Sara Moreno recuperó la compostura y tras soltar esas palabras con frialdad, volvió a girar la cabeza y se alejó rápidamente.
Parecía que no le daba ninguna importancia a aquella mujer, y aquel 'gracias' carecía de sinceridad.
Al ver su actitud tan arrogante y altanera, Clara Serrano, por supuesto, se sintió sumamente irritada por dentro.
—Ja, de qué te la das; pronto vas a llorar, y además vas a pasar vergüenza delante de todas estas señoras, ¡nunca más podrás levantar la cabeza!
Murmuró para sí misma, con una mirada llena de cálculos y deseos de venganza.
Ahora que su objetivo se había cumplido, ya no había necesidad de perder el tiempo allí.
Luego también salió del baño, se despidió de la Señora Beltrán diciendo que tenía un compromiso, y se marchó de la fiesta.
¿Qué clase de merienda era esa? No era más que un montón de viejas chismosas presumiendo entre ellas.
De regreso a casa, Clara Serrano se sirvió tranquilamente una copa de vino y la degustó con deleite.
En vez de tomar el té en aquella merienda, le resultaba mucho más placentero disfrutar de una copa de vino tinto en su propia casa.
A continuación, empezó a llamar de manera insistente a Eduardo Moreno, dejándole un sinfín de llamadas perdidas y enviándole un montón de mensajes.
Sin excepción, en todos ellos lloraba con voz suave, diciendo cuánto lo extrañaba y suplicándole que fuera a hacerle compañía esa noche.
Esta táctica siempre le había funcionado a la perfección; sin importar cuán ocupado estuviera Eduardo Moreno, sin duda iría a su lado esa noche.
—Jeje, Sara, ay Sara, ¿de verdad crees que ese perro de tu marido te es tan fiel?
—La persona a la que tu esposo más ama es a mí.
Clara Serrano volvió a murmurar para sí misma y dio otro sorbo a su vino.
En su rostro se dibujó una sonrisa orgullosa y confiada.
—¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué me llamabas con tanta urgencia?
Eduardo Moreno miró a la mujer frente a él, con indiferencia en sus ojos, pero sus palabras estaban cargadas de mimo y calidez.
—Es que simplemente te extrañaba.
—¿Pero no nos vemos todos los días? Habíamos acordado que esta noche regresaría a cumplir en casa.
Eduardo Moreno había sido convocado por ella todos los días últimamente y llevaba demasiado tiempo sin ir a su casa.
No queriendo que Sara Moreno sospechara, habían acordado no verse en esos dos días para que él se quedara con su familia.
—¿Acaso no me extrañas? —Clara Serrano puso a propósito su dedo índice sobre los labios de él.
—Claro que sí, ¿qué pasa, estás insatisfecha?
Al ver su insinuación, Eduardo Moreno se acercó de inmediato e intentó quitarle la ropa.

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