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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 632

*Ni siquiera sabe cómo meter cizaña para impedirlo.*

Pero ella siempre había sabido mantener la compostura, así que tuvo el tacto de no decir nada ni de ofrecer cumplidos hipócritas.

—Je, je, hoy es un día maravilloso, que sirvan la comida rápido para que podamos conversar mientras comemos.

La anciana ordenó con entusiasmo, con una cara de pura alegría.

Simón, que tomaba clases en casa, había escuchado esa mañana que la señorita linda iría a visitarlo y estaba tan emocionado que no podía concentrarse.

Cuando por fin terminó su clase, caminó por iniciativa propia hacia el comedor.

—¡Ay, Simoncito, saliste! ¿Ya terminaste tus clases?

—Qué raro verte salir por tu cuenta a comer, ven rápido.

La anciana y Graciela estaban sorprendidas, pensaron que veían visiones.

Después de todo, en la familia Jiménez, todos sabían que a Simón nunca le gustaba comer en la misma mesa que los demás.

Incluso en las reuniones familiares por Fin de Año, sin importar cuánto intentaran convencerlo, él siempre los ignoraba.

Solo de vez en cuando, si estaba ùnicamente con su abuela o Graciela, aceptaba compartir la mesa.

Por eso, Inés Jiménez había ordenado acondicionar una habitación enorme para su precioso nieto, con un área especial para que comiera y jugara.

—Ven, siéntate aquí al lado de Alba, todos sabemos que te agrada.

La anciana, muy feliz, acomodó a su nietecito junto a Alba.

—Ay, Alba, de verdad te envidio. He intentado de todo para que Simoncito se apegue a mí desde que era pequeño y siempre he fracasado.

—¿Qué clase de magia usaste para que te quiera tanto y no se despegue de ti?

Graciela la miraba con genuina admiración, deseando saber cómo lo había logrado.

Liam Góngora, que estaba sentado al otro lado de Alba, entrecerró los ojos de forma peligrosa y le lanzó una mirada fulminante al niño.

No le interesaba saber qué método había usado.

Por supuesto, ella encontraría la forma de curarlo en el futuro.

—¡Tsk, mosquita muerta, no intentes aprovecharte de mi primo! —intervino Bárbara, incapaz de quedarse callada.

Apenas terminó de hablar, y antes de que Liam pudiera decir algo, se escuchó un fuerte golpe en la mesa.

Todos en la familia Jiménez se sobresaltaron, especialmente cuando vieron que el que había golpeado la mesa era Simón; se quedaron atónitos.

—¡No dejen que molesten a la señorita linda! ¡Ella no me ha utilizado, no digas tonterías!

Simón puso una cara seria y luego les hizo señas con las manos.

Ahora, Alba se había convertido en la niña mimada de todos.

Varias veces había querido defenderse, pero alguien más siempre se le adelantaba para protegerla.

*Mmm, esto no se siente nada mal.*

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