Entrar Via

Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 618

Alguien murmuró en voz baja:

—Llevo décadas en la medicina y jamás había visto una técnica tan exquisita. Es como si sus manos hicieran magia.

Otro asintió, añadiendo:

—Es verdad. Y ni hablar del diseño de las agujas, nunca había visto nada igual. Es muy probable que ella misma las haya modificado.

Sus palabras rebosaban de admiración hacia Alba.

Al ver esto, la frustración en el corazón de Bárbara no hizo más que crecer. Refunfuñó en voz baja:

—Seguro es pura suerte. Un golpe de fortuna, nada más.

Graciela la escuchó, frunció el ceño con fuerza y le lanzó una mirada fulminante. Solo así, Bárbara cerró la boca a regañadientes.

Silvia mantenía los labios apretados, sin emitir sonido, pero sus ojos no se apartaban de Alba. Nadie sabía qué oscuro pensamiento cruzaba por su mente.

Como si estuviera sorda ante los murmullos, Alba continuó colocando las agujas con total dedicación.

Su mirada era firme y enfocada. Cada movimiento, cada pequeño giro de la aguja, rozaba la perfección.

Con el paso de los minutos, el rostro de la anciana, antes pálido como el papel, comenzó a recuperar un suave tono rosado, y su respiración se volvió mucho más calmada.

Al mismo tiempo, Alba le suministró con cuidado el remedio líquido que había preparado, asegurándose de que bajara lentamente por su garganta.

Era una mezcla hecha específicamente para el delicado estado de la anciana.

Poco después de beberlo, la señora Inés, que apenas había recobrado algo de color, comenzó a toser violentamente por instinto.

De repente, entre las toses, empezó a vomitar grandes cantidades de sangre, lo que aterrorizó por completo a los Jiménez y a los médicos presentes.

—¡Dios mío! ¡¿Qué demonios le diste a mi abuela?! ¡Está vomitando sangre!

Bárbara aprovechó para gritarle con histeria a todo pulmón.

Incluso Federico no pudo evitar fruncir el ceño.

—¿Qué significa esto? ¿Acaso esa medicina le hizo daño a mi madre?

Ni siquiera se molestó en discutir; si lo hacía, la idiota parecería ser ella.

—Pero la cantidad de sangre es alarmante —insistió Federico, frunciendo el ceño.

Su madre seguía inconsciente y expulsar tal cantidad de sangre no hacía más que alimentar sus dudas.

Mientras tanto, Graciela ayudaba a las enfermeras a limpiar y darle suaves palmadas en la espalda a su madre, manteniéndose en silencio.

No es que desconfiara de la chica, simplemente no sabía de medicina, así que no tenía forma de defenderla.

—Silvia, ve a revisar qué contiene exactamente el remedio que le dio la señorita Moreno.

Federico ordenó esto de pronto.

Después de todo, su sobrina era un prodigio en el Instituto de Investigación Médica 01 y discípula directa del Académico Robles.

Identificar los componentes de un remedio sería cosa de niños para ella.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada