Con él adoptando esa actitud, Graciela no tuvo más remedio que dejar de lado los reproches.
En el fondo, tuvo que admitir que su hermano mayor era un experto en inteligencia emocional.
Sabía que al mostrarse tan sumiso y comprensivo, a ella no le quedaría más remedio que callar, de lo contrario parecería amargada y cruel.
En los días siguientes, miembros de la familia Jiménez e incluso familiares lejanos fueron pasando uno tras otro para visitar a la señora Inés.
Federico pospuso gran parte de su trabajo, dedicando más tiempo a sentarse en la casa para hacerle compañía a la anciana y hablarle un poco.
Debido a esto, los familiares y miembros de otras familias prestigiosas que venían a visitarla no podían evitar elogiarlo como un hijo ejemplar.
Sin embargo, no había pasado ni una semana cuando el estado de la señora Inés comenzó a empeorar.
Esto encendió de nuevo las alarmas en toda la familia.
El equipo de médicos y especialistas acudió a revisarla, y tras varios exámenes, no tuvieron más remedio que fruncir el ceño, llenos de preocupación.
—El estado de la señora se está saliendo de control. La única opción para salvarla ahora es la cirugía.
—Si seguimos con el tratamiento conservador, temo que no pasará de uno a tres meses.
Estas palabras hicieron que el rostro de Federico se ensombreciera. Frunciendo el ceño, les reclamó:
—¡Primero fueron ustedes quienes dijeron que el tratamiento conservador era lo más seguro y ahora me dicen que necesita una cirugía!
—Si la operación falla, o si queda con múltiples secuelas, ¿cómo van a asumir esa responsabilidad?
Sus palabras estuvieron a punto de hacer llorar a los expertos.
Eran médicos, no dioses. ¡Era imposible garantizar cero riesgos después de una operación!
—Lo sentimos, pero es imposible prever todos los riesgos postoperatorios.
—El peor escenario es que no despierte jamás. En el mejor de los casos, despertará, pero sin duda habrá daños colaterales y secuelas de la intervención.
—¿Por qué ocultaron que cuando su abuela se desmayó, alguien la auxilió y le dio una píldora de Esencia de Rescate Vital? ¡¿Por qué ninguna de las dos dijo ni una palabra al respecto?!
El repentino regaño de Graciela dejó a ambas paralizadas, sobre todo a Bárbara, cuyos ojos delataban pánico.
Ella balbuceó:
—Tía... nosotras... pensamos que no era importante. Además, todo fue un caos en ese momento, ni siquiera tuvimos tiempo para procesarlo bien.
Silvia asintió rápidamente para apoyarla.
—Es verdad, la situación era tan urgente que simplemente se nos borró de la mente.
—¡¿Cómo va a ser eso poco importante?! Si no fuera por esa medicina, ¡es muy probable que su abuela ni siquiera hubiera resistido el traslado al hospital!
Graciela estaba que echaba chispas, simplemente no lograba comprender qué pasaba por la cabeza de esas dos.
Podía perdonarle a Bárbara que fuera una niña despistada y tonta, ¿pero cómo era posible que Silvia, alguien que siempre era tan cuidadosa, prudente y calculadora, lo hubiera pasado por alto?

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