Incluso dejando a un lado lo que pasó ayer, los rumores sobre ellos dos no habían surgido de la nada.
¿Acaso su propia madre de verdad no se había dado cuenta?
—La estoy conquistando, pero aún no me da el sí.
—¡Jajaja! ¡Conque esas tenemos! Muy bien, muy bien, hijo, tienes un gusto excelente.
—Tienes toda la razón. Si Alba va a ser mi nuera, claro que no puedo adoptarla como ahijada, todo sería un desastre.
—¡Ay, qué maravilla! Me encanta la idea de que sea mi nuera, me encanta.
En ese momento, Susana saltaba de alegría como un pájaro feliz, hablando y hablando sin parar.
—Por cierto, si aún no logras conquistarla, ¡más vale que te esfuerces! Si alguien te la quita, ¡juro que te desconozco como hijo!
De pronto, cayó en cuenta de que su inepto hijo todavía no había logrado enamorarla.
Qué decepción.
—Tú misma lo dijiste, una mujer tan increíble como Alba no es fácil de conquistar. En lugar de quejarte, mejor échame una mano.
Liam pensaba que, con su propia madre actuando como aliada, las cosas podrían fluir mucho más rápido.
Y pronto tendría a la mujer de sus sueños en sus brazos.
—Sí, sí, sí, tienes toda la razón, tengo que ayudarte.
Como si se le acabara de ocurrir una idea brillante, Susana sonrió de oreja a oreja.
—Ya tengo su contacto en WhatsApp. Este fin de semana, cuando tenga el día libre, la voy a invitar a cenar a la casa, ¿qué te parece?
—¡Perfecto! —Liam levantó el pulgar en señal de aprobación—. Si quieres tener nietos pronto, todo dependerá de qué tan bien juegues tus cartas.
La verdad era que él llevaba mucho tiempo queriendo invitar a Alba a cenar, pero como vivía solo...
Temía que estar los dos solos en casa le diera la impresión equivocada de que solo quería propasarse, así que no se había atrevido a dar el paso.
Susana suspiró aliviada de inmediato y empezó a pensar en todos los platillos deliciosos que le prepararía a su futura nuera.
Por su parte, Alba ni siquiera lo pensó demasiado antes de aceptar la invitación de Susana.
Se había llevado una excelente impresión de ella; no era altanera ni prepotente como otras señoras de la alta sociedad, ni miraba a la gente con prejuicios.
Al contrario, Doña Susana le parecía alguien muy agradable y sencilla, sin los aires de grandeza de las mujeres ricas.
Y lo más importante, su maestro le había comentado que ella era la directora de un nuevo proyecto de investigación farmacéutica.
A Alba le interesaba mucho ese medicamento, y esta era la oportunidad perfecta para debatir con una académica de tan alto calibre.
Ese día, Alba estaba descansando en casa. No había ido a las oficinas del Grupo Moreno, ni tampoco a su propia agencia de medios y entretenimiento.
Pensaba pasar un día tranquilo relajándose, pero su celular no dejaba de sonar, bombardeándola con llamadas.
Todas eran de la familia Moreno.

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