—¡Qué calculador eres! Conseguiste esa poción a través de mí, y ahora Alba Moreno está investigando en mi contra.
En ese momento, Gregorio Góngora estaba descargando toda su furia por teléfono.
Sin embargo, la persona al otro lado de la línea no parecía alterada y trató de calmarlo:
—¿De qué tienes miedo? Es solo una mocosa. ¿No querías atraparla para usarla contra tu sobrino? Pues ahora tienes la oportunidad perfecta.
—Por supuesto que se arrepentirá. Cuando la tenga en mis manos, será una excelente rehén.
Clara Serrano, al otro lado del teléfono, siempre había sido astuta y elocuente.
Sus palabras eran tan dulces que cualquiera pensaría que realmente se preocupaba por Gregorio Góngora.
—Je, no me creas idiota. —Gregorio soltó una carcajada burlona; la conocía demasiado bien—. Sé perfectamente que me estás utilizando.
—Utilizarte o no, ¿acaso nuestros objetivos no son los mismos?
Clara decidió no andarse con rodeos y fue directa al grano:
—No olvides que tanto esa mocosa como Liam Góngora tienen lo que ellos quieren.
—Si logramos deshacernos de ambos, nos darán la mejor de las recompensas. ¿Acaso no es lo que más te beneficia?
Si lograban destacar en la organización y algo le pasaba a Liam, todo el imperio Góngora sería de ese hombre.
¡Ja! Ella le estaba haciendo un favor, ayudándolo a alcanzar el poder, y él todavía se atrevía a reclamarle.
Qué malagradecido.
—No hables de más, las paredes oyen.

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