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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 116

Echó un vistazo a su alrededor y descubrió que el origen del aroma provenía de un discreto quemador de incienso en una esquina, del cual se elevaba una fina columna de humo.

—Trucos baratos —murmuró, torciendo los labios con desprecio. Sacó el prendedor de jade blanco de su cabello y, con un hábil movimiento, levantó la tapa del incensario.

Justo como sospechaba, en el interior ardían varias piezas de un incienso de color rojo intenso.

En ese mismo instante, se escuchó el ruido de pasos caóticos acercándose por el pasillo.

La mirada de Alba se afiló y, con agilidad felina, se escondió detrás de la puerta.

¡Bam!

La puerta se abrió violentamente.

Un hombre borracho entró tambaleándose. Era Zacarías Quiroga, un conocido mujeriego sin oficio ni beneficio de la alta sociedad.

—¿Hermosura? ¿Dónde estás? —Zacarías tenía la cara roja y buscaba por la habitación con la mirada perdida—. No seas tímida, ven que papi te va a dar cariño...

Escondida detrás de la puerta, los ojos de Alba brillaron con frialdad letal.

Se deslizó silenciosamente a espaldas de Zacarías, alzó su prendedor de jade blanco y se lo clavó con fuerza directamente en un punto de presión en la nuca.

—¡Ahhh! —gritó Zacarías de dolor. En cuestión de un segundo, se desplomó en el suelo como un saco de papas, completamente paralizado.

Alba lo miró desde arriba, con voz gélida:

—¿Quién te mandó?

Zacarías abrió los ojos de par en par, aterrorizado:

—Tú... ¿cómo es que estás bien? Ese humo...

¡Maldita sea! ¿Acaso ese incienso no funcionaba?

—¿Cuánto te pagó Valeria? —Alba pisó con fuerza una de las manos del hombre y giró el tacón sin piedad—. ¡Habla!

—Cinco... cincuenta mil... para arruinar tu reputación —soltó Zacarías, sudando frío por el dolor extremo—. Dijo que cuando terminara... ¡Ah! ¡Señora, un poco de piedad!

¿Qué diablos estaba pasando?

¿Lo había engañado esa maldita de Valeria?

¿No le había dicho que la mujer estaría inconsciente y que él podría hacer lo que quisiera y además cobrar su dinero?

¡Esto no se parecía en nada a lo que le prometió!

Esta mujer estaba a punto de matarlo a pisotones.

—Arrastrate hasta la cama —ordenó Alba.

Ya que Valeria le había preparado un escenario con tanto esmero, ella le seguiría la corriente hasta el acto final.

Capítulo 116 1

Capítulo 116 2

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